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¿Te consideras una persona respetuosa?

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NADOFOTOS via Getty Images

Demasiadas veces pronunciamos que el respeto es la base de las relaciones humanas, incluso hay quienes hablan del respeto como estandarte propio de honradez y seriedad, pero muy poco analizamos el conjunto de actitudes que implica esa palabra, muy poco practicamos el respeto y sinceramente es una minucia lo que comprendemos de su vasto significado.

Y es que no es fácil.

Hablar de respeto es tan ambiguo como diversa es la percepción de la realidad para cada persona o cultura, además de nuestra incapacidad para desarrollar una actitud respetuosa.

Me entusiasman las personas que asumen con relativa facilidad, que la vida es un camino de oportunidades y lecciones, y que la actitud es determinante del estado de ánimo con que transites durante tu existencia, así es como Lupita Carranza ha elegido vivir; ella es una hermosa mujer, a quien agradezco que continuamente comparta los textos y pensamientos de diversos autores, que estimulan la reflexión.

Recientemente, expresó ideas muy precisas sobre el respeto hacia nosotros mismos, tema que me motivó a participar porque coincido en la importancia de entender el término en su sentido más profundo.

Todos alguna vez aludimos a la famosa frase de Don Benito Juárez, hablamos del respeto como si se tratara del mejor amigo, con el que nos llevamos súper bien, el popular y de confianza, pero la verdad, es que muy pocos le conocemos, tiene muchas facetas e indicativos.

Es necesario que concienticemos en esa palabra que la mayoría de las personas no hemos logrado sentir ni dominar.

En mi experiencia, les confieso que no he aprendido mucho del respeto a lo largo de mi vida, la idea parece sencilla, pero pasar la vida respetando es tan complicado, continuamente me sorprendo sin tolerar o intentando controlar situaciones y personas.

Me pregunto en qué momento son equilibrados nuestros parámetros de lo justo, porque hablando de respeto, resulta que siempre "invades" o te sientes "invadido" por alguien.

Cada vez adquiero mayor conciencia del respeto, pero cuando más me esfuerzo por comprender su esencia para mejorar mis actitudes, descubro que me desconozco y que con frecuencia no respeto incluso mis prioridades, mis gustos o debilidades, seguro que más de mil hemos tenido esta sensación, y es porque no reflexionamos en nuestra forma de ser, ni en lo importante que es aceptarnos.

Y entonces, si no eres capaz de respetarte a ti mismo, ¿cómo trabajas en el respeto hacia los demás?

¿Qué significa perder el respeto por ti mismo? ¿En qué momentos te pierdes el respeto? Lupita ejemplifica: "Cuando no te pones en el lugar que te corresponde y dejas que los demás abusen de ti o de tu tiempo o cuando eres infiel a tu escala de valores".

Cuando accedes a situaciones que te incomodan para agradar a los demás porque temes ser rechazado o también cuando haces cosas a escondidas creyendo que nadie te observa o que nadie lo sabrá, pero son actos que en realidad repruebas y te hacen sentir mal. Cuando señalas o criticas aquello que tú también haces o dejas de hacer. Acciones de este tipo son una falta de respeto y de amor hacia tu persona.

Pero para lograr definir tus límites y alcances en todas las áreas de tu formación física, intelectual y emocional, debes primero conocer tu personalidad, y esa es una labor que desde pequeños hay que aprender, para discernir entre lo que eliges ser o no ser y lo que aceptas o no de los demás y del entorno. Conocerse a sí mismo tiene mucho que ver con el respeto.

Desmenucemos un poco el concepto, el respeto implica un conjunto de valores como el reconocimiento propio o ajeno, del valor de algo o de alguien, implica básicamente tolerancia, consideración, comprensión, aceptación y amor.

Lupita simplemente lo explica así: "...una persona que se respeta vive en equilibrio, con su tiempo, sus obligaciones, su trabajo y su ocio".

Cuando te respetas individualmente, te conoces, identificas tus debilidades y fortalezas, valoras lo que piensas y lo que haces, defiendes tu postura conforme a tus valores o condiciones, reconoces tus fallas y te interesas en corregir pero eres paciente y persistente, y lo que no te gusta no lo aceptas porque ya comprendes que todo aquello que altere los límites de tu bienestar general, se traduce en una falta de consideración hacia ti mismo, y ya no lo permites porque cuidas tu dignidad, es entonces que te concibes como una persona digna de respeto.

"Conseguir que te respeten es un derecho y tienes que hacerlo valer, una persona respetada se siente a gusto y cómoda en los grupos sociales con los que se relaciona".

Cuando has forjado estos valores y capacidades en ti mismo, estás en posibilidad de trabajar tu sensibilidad por el bien común, (es otro gran proceso en el desarrollo humano), pero mucha gente se acomoda en la parte de respetarse a sí mismo y los demás no le interesan, son los que identificamos como ególatras, egoístas o tiranos.

Desarrollar tus valores de indulgencia te permitirá mayor capacidad para tratar con respeto a los demás, ya no sólo te interesa cuidar tu dignidad sino también la dignidad de otros.

El respeto es una práctica continua, es una expresión que implica tolerar, comprender, algunas veces ceder. Todos los días se presentan ocasiones para expresarlo y pese a que algunas veces resulta complicado, debido a que "cada uno funciona y se comporta atendiendo a su propia escala de valores y generalmente no coinciden entre sí", es suficiente con que ofrezcas a los demás la cordialidad y tolerancia que le darías a un ser querido.

Y si en determinado momento la gente te altera al grado de insultar o golpear, piensa, observa, domina y controla para que logres anteponer el respeto a la ofensa.

Ante todo, domina la ira contra cualquier niño y no pierdas el control contra los adultos en presencia de ellos. Porque los niños especialmente, aprenden lo que ven, lo que viven, y evitarles escenas violentas ayuda a "romper cadenas".

Tristemente solemos enrolarnos en actitudes que nos dañan y lastiman a otros, continuamente buscamos desquitarnos de lo que nos hacen los demás incluso sin intención, nos dejamos arrastrar en chismes que generalmente no nos incumben y hasta contribuimos con malos comentarios, ignoramos las necesidades de atención del prójimo, atracamos al que se deje y en familia algunas veces nos agredimos, abusamos de la confianza y en general, unos a otros nos atropellamos constantemente.

El respeto es una expresión de amor y todos estamos preparados para generarlo, en cada momento existe más de una oportunidad para ofrecer a los demás lo mejor de nosotros, y lo único que necesitamos es pensar antes de hacer daño, tratarnos a nosotros mismos con aprecio y voluntad, para dar a los demás ese trato tranquilo y cuidadoso aún cuando estemos molestos.

No es fácil, lo reitero, porque nos equivocamos todo el tiempo, nos distraemos, "la regamos", todos los días, pero estamos aprendiendo, así que a partir de ahora hablemos menos del respeto y vayamos al acto, se trata de un esfuerzo diario y constante.

"No te lamentes por lo que has perdido o lo que has hecho de una forma que te avergüenza. Tú tienes valor a pesar de los errores y las torpezas, y lo que te hace grande es rectificar y volver al camino... al tuyo, porque cada persona tiene su propio camino y nadie puede juzgar si es mejor o peor que el de los demás", cada cual sin entenderlo, tiene en su camino sus propios aprendizajes.

El equilibrio entre los parámetros de lo correcto y lo justo, es imposible determinarlo, porque además de que las personas pensamos diferente de acuerdo a una enorme lista de factores socioculturales, también somos emocionalmente cambiantes, lo que en un momento nos puede hacer explotar, para el siguiente instante lo podemos tomar con serenidad, así como un día amanecemos con disposición de ser pacientes y generosos, para otro día somos déspotas y odiosos.

Es por ello que la clave está en prestar atención en todo lo que hacemos y decimos, y se logra bastante con imponernos un principio de no agresión, de no lastimar con actos ni con palabras, si nuestro estado de ánimo nos mueve continuamente, trabajemos para que sea el amor lo que nos mueva en todas las áreas de nuestra vida, ceder algo o sacrificar un poco de nuestro tiempo por alguien más, es un gesto de generosidad que nos engrandece espiritualmente aunque no obtengamos reconocimiento alguno.

Respetar a los demás es un acto de profunda calidad y calidez humana. Y mientras más personas nos sumemos a la voluntad de respetar con conciencia, más justo y generoso será el mundo que habitamos.