Wilfredo Amr Ruiz

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Invitación a Tierra Santa para el nuevo Papa

Publicado: 13/02/2013 13:12

netanyahu

En un acto no visto en los pasados 600 años Joseph Aloisius Ratzinger, Benedicto XVI, anunció su retiro al prelado supremo de la iglesia católica romana. Esta coyuntura histórica invita a un re-establecimiento saludable y pleno de las relaciones cristiano-musulmanas. Todos recordamos la lejanía que provocaron los desacertados comentarios sobre el Islam y el profeta Muhammad que Benedicto XVI pronunció en una ponencia en la Universidad alemana de Regensburg; citando al emperador bizantino Manuel II Paleólogo.

También sus ponencias cuando era cardenal en las que se mostraba abiertamente contrario a la admisión de Turquía a la Unión Europea; alegando la incompatibilidad del país musulmán con la naturaleza 'cristiana' de Europa. Eventualmente Benedicto XVI enmendó su curso y reabrió canales de diálogo con el mundo musulmán y hasta realizó una histórica visita a Turquía. Igualmente mostró su voluntad de acercamiento y solidaridad con el mundo islámico uniéndose a voces internacionales de condenas férreas a la guerra y ocupación en Iraq.

Lamentablemente, visto desde una perspectiva amplia, las relaciones inter-religiosas entre católicos romanos y el mundo islámico nunca alcanzaron los niveles óptimos que logró Juan Pablo II; antecesor del actual papa. Bajo el anterior pontificado se establecieron y formalizaron una serie de políticas de convivencia inter-religiosa de avanzada que eventualmente se perpetuaron en el Concilio Vaticano II.

Tras la renuncia de Ratzinger el mundo islámico está anhelante del surgimiento de un nuevo líder católico presto a acercar a la tercera parte de la población del planeta que representan los católicos y musulmanes. Una voz fuerte dentro de su iglesia que abogue por la justicia y condene sin temores la opresión. Una voz para los cientos de miles de cristianos árabes que, junto a varios millones de musulmanes en la Tierra Santa Palestina, esperan escuchar más defensores de la justicia. Un líder que denuncie que cristianos y musulmanes palestinos son tratados como ciudadanos de segunda clase en un Israel que progresivamente adopta políticas discriminatorias de 'apartheid'; y que estos mismos palestinos de Jerusalén, Belén y Cisjordania siguen perdiendo sus tierras ante la incesante expansión sistematizada de colonos judíos que las usurpan bajo protección y auspicio de Israel.

Esta conducta ilegal obra en clara violación al derecho internacional es indudablemente un impedimento para la paz entre árabes e israelíes. La continuación de la política de asentamientos ilegales de colonos judíos en territorio Palestino está en absoluto control del gobierno de Israel. Sin adornos, excusas o evasivas; ciertamente la continuación impune de esta práctica ilegal resulta en un obstáculo de orden mayor a la justicia y atenta por ende contra la paz tanto en la región como en el orbe.

El Reverendo palestino Mitri Raheb, de la Iglesia Evangélica Luterana en Belén y autor, entre otros libros, de Belén Asediada: Historias de esperanzaen tiempos difíciles (Bethlehem Besieged: Stories of Hope in Times of Trouble); ha documentado en ellos relatos de la cruel opresión que sufren de los cristianos en Tierra Santa.

Indudablemente el problema palestino-israelí será asignatura pendiente para el nuevo Papa; que esperamos adopte una agenda de justicia social. Una agenda diametralmente opuesta a la que Avigdor Liberman, pasado ministro del exterior israelí, manifestó recientemente alegando la imposibilidad de alcanzar un acuerdo comprensivo con los palestinos y resolver el conflicto, ya "que a lo sumo sólo podría manejarse." Claro, manejarse por varias décadas más mientras los colonos continúan despojando de sus tierras a cristianos y musulmanes palestinos

Afortunadamente Liberman no ejerce como funcionario pues ha sido acusado judicialmente por corrupción. Pero ¡ojo!, peligrosamente no pierde las esperanzas en ser re-nominado por su amigo Netanyahu. Como contra balance esperanzador el vice-ministro israelí del exterior Danny Ayalón guarda un grado significativo de sensatez al manifestar que Israel debería aceptar la decisión de la ONU de elevar el estatus de la Autoridad Palestina ya que ese reconocimiento obraría en interés de Israel y ayudaría a reiniciar el estancado proceso de paz. Ante toda esta incertidumbre que hace claudicar la justicia; el nuevo Papa no debería perder nunca la atención sobre el sufrimiento, también de los cristianos, en Tierra Santa.

Confiamos posible que el próximo Papa sea el responsable del resurgimiento del imperioso diálogo de convivencia pacífica y cooperadora de los hijos de Abraham.

 

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