
"Lo que parece no siempre es lo que es, y lo que es no siempre es lo que parece; la percepción crea nuestra propia realidad" Rob McBride
¿De dónde eres? me pregunta la gente y ya no se la respuesta.
Cuando me fui de México deje atrás a toda mi gente, todo lo conocido, todo lo que había sido mi vida hasta ese momento y al llegar a otros países intenté adaptarme lo más rápido que pude a las nuevas costumbres, al idioma, a la forma de vida, a los nuevos alimentos y a las nuevas reglas.
Cuando me di cuenta de lo que había sucedido ya era muy tarde, una parte de mi se había perdido en el proceso. Te quedas en el limbo ya no eres parte del país que dejaste y nunca más volverás a serlo al cien por ciento aunque regreses, tu ya has cambiado, tienes otras costumbres, otra manera de pensar pero no lo suficiente como para poder pertenecer totalmente al país donde actualmente vives. Sin darte cuenta te has convertido en lo que llaman "ciudadano del mundo" y si bien es algo que puedes compartir con la gente que está en tu misma situación, la nostalgia tan grande que te provoca es muy difícil de explicar.
Cuando veo fotos de mi vida pasada, me doy cuenta de que en un instante podemos viajar a otra dimensión, a otro tiempo y por un momento volver a vivir esa sensación de pertenencia.
El otro día, mientras caminaba sobre el puente Millenium (en Londres) en una tarde helada (cruzar el puente es infernal en un día como ese, pues el frío te cala los huesos y el viento pareciera que penetra cada uno de tus poros como miles de agujas al mismo tiempo) por primera vez en mucho tiempo, aunque fuera solo por un instante, tuve una sensación de pertenencia, de sentir que estoy en casa. La experiencia me hizo pensar en la percepción o el valor que le damos a las cosas, los lugares, las situaciones.
Una vez escuché que todo es NEUTRO y que uno etiqueta las cosas, las situaciones son "buenas o malas". Las etiquetas que utilizamos dependen, en gran medida, del momento en que nos encontramos. Realmente todo es una cuestión de percepción, de cómo interpretamos las cosas. El mismo evento o situación puede ser interpretado de mil maneras diferentes. Lo importante es saber que nosotros podemos decidir que etiqueta le vamos a poner a las situaciones y circunstancias de nuestra vida.
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Los bolsos en los que guardamos nuestros cosméticos son el lugar perfecto para que se desarrollen gérmenes y bacterias, lo que podría dar lugar a diversas infecciones. Asegúrate de que tus cosméticos se mantengan libres de contaminación siguiendo estos consejos...
Brochas sucias
Las pequeñas cerdas de tus brochas de maquillaje pueden fácilmente recoger gérmenes y bacterias de tu bolsa de cosméticos, así que es vital que te asegures de limpiar esa bolsa una vez al mes o de remplazarla si es necesario. Como las cerdas de las brochas son más flexibles que los aplicadores pequeños (como los de las sombras para ojos), los gérmenes tienden a alcanzar áreas más sensibles en tu rostro -como nariz y ojos.<br /><br /><strong>Consejo</strong>: Si no quieres tener que remplazar también tus brochas una vez al mes, lava sus cerdas bajo el chorro del agua con un champú suave para bebés.
Desintoxica tu maquillaje
Siempre estamos escuchando sobre los peligros de los "cambios hormonales" provocados por los químicos en nuestros cosméticos (ftalatos y BPA, por nombrar algunos), que según los científicos pueden acarrear una larga lista de problemas de salud (entre los que se incluyen el riesgo de cáncer de mama). Así que lo mejor es desintoxicar tus productos revisando los ingredientes que contienen y evita el contacto con aquellos que tengan metilo, butilo, etilo o propilo.<br /><br /><strong>Consejo:</strong> Trata de comprar cosméticos a compañías orgánicas o "verdes" que sólo usen ingredientes naturales en sus cosméticos, y habla con un especialista de la piel antes de elegir los productos que vas a usar.
Productos caducos
La regla común es que si un cosmético tiene más de 18 meses de uso, lo descartes. Revisa la fecha de caducidad de tu base o de tu rímel, de igual manera que lo haces con la leche que está en tu refrigerador. Y es que así como sucede con los alimentos de base líquida, los sprays o cremas comienzan a pudrirse, y esto se convierte en una gran sede para el crecimiento de bacteria, hongos y gérmenes. ¿Y no quieres que todo eso termine en tu cara, verdad?<br /><br /><strong>Consejo:</strong> Anota las fechas de caducidad de tus cosméticos en tu agenda y mes a mes haz una limpieza de lo que ya expiró. Además, esto es un gran pretexto ¡para ir de compras!
Elimina los frascos
Cuando compres maquillaje, trata de elegir siempre tubos en lugar de frascos, porque cada vez que metes y sacas tus dedos de un frasco de crema, estás introduciendo en él las bacterias que llevas en las manos. Y así sucede con cada cosa que tocas. Esto permite que los gérmenes se establezcan y se reproduzcan, lo que significa que cada vez que uses ese producto, podrías estar esparciendo la contaminación por tu rostro.<br /><br /><strong>Consejo:</strong> Si no puedes deshacerte de todos los frascos, usa aplicadores desechables (<em>Q-tips</em>, cotonetes o hisopos) en lugar de tus dedos. <br /><br />Fuente: <a href="http://www.huffingtonpost.co.uk/2012/07/13/health-phthalate-chemicals-makeup-diabetes-link_n_1670507.html" target="_hplink"><em>The Huffington Post UK</em></a>
¿Y tú que etiquetas le estas poniendo a tu vida?
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