La militarización de la seguridad pública ha tenido como consecuencia un deterioro alarmante en materia de derechos humanos, aumentando los casos de ejecuciones extrajudiciales, tortura y desapariciones forzadas. A la fecha, se estima que más de 80,000 personas han sido asesinadas en hechos relacionados con la guerra contra las drogas, más de 25,000 personas permanecen desaparecidas y se ha registrado un aumento superior al 500% en los casos de tortura.
Las que somos madres sabemos que los riesgos tomados antes de ser madres no se repiten cuando tenemos claro en nuestro inconsciente que hay que vivir por nuestros hijos. En definitiva, uno de los mayores estragos que vive una mujer es el equilibrio entre la maternidad y la vocación. En la gran mayoría de los casos cuando una madre decide tomar un cargo público o trabajar por una comunidad, lo hace por el bienestar y el futuro de sus hijos y por el amor a su pueblo. Probablemente ese fue el caso de la ex alcaldesa mexicana que fue asesinada después de ser torturada y maltratada esta pasada semana. La arrebataron de su automóvil en el que viajaba con su pequeña hija. Los criminales dejaron a su hija después de lo que se cree fueron ruegos desesperados de parte de ella para que no le hicieran daño.
Se han documentado y reconocido a más de 500 víctimas directas de graves violaciones a los derechos humanos en Oaxaca, México. Asesinatos, desapariciones forzadas, tortura y violaciones sexuales, por mencionar sólo algunas. Con el nuevo gobierno, ¿qué va a pasar con las víctimas que ya están, y qué va a hacer el Estado con aquellas que desafortunadamente producirá?
Se puso nuevamente de moda huir de México y salir corriendo al estado de Texas. A lo largo de estos últimos cinco años, decenas de miles de mexicanos han huido de su país, igualito que en los ochentas, durante el final del sexenio de López Portillo -- cuando varios temerosos con algo de capital -- decidieron que su país se podría volver comunista, a partir de la crisis económica y la nacionalización de la banca.