Sus rasgos son muy parecidos a los del Tata Gildo, aunque él no tuvo hijos. Pero en Técpan todos los Galeana tienen conexiones. Rastrear el origen familiar de una persona tras doscientos años de historia en un país convulsionado la mitad de ese tiempo, y con el terrible defecto de aniquilar su propio pasado, es tan complejo como encontrar una aguja en un pajar. En este caso todo apunta en una sola dirección. Desde que debutó el Apertura 2008, un descendiente de nuestros libertadores juega al futbol con el Deportivo Toluca.
En 1994, la abuela de Genie Milgrom, cubanoamericana residente en Miami, dejó a su nieta un pequeño arete decorado con una estrella de David. Pocos años antes, la misma abuela, ante la conversión al judaísmo de la joven Genie, le había asegurado a esta que "ser judío es muy peligroso". La familia, fervientemente católica, practicaba la tradición de entregar un talid de regalo a los recién casados, prender una vela los viernes en la tarde y limpiar la casa acumulando el polvo en el centro de la habitación antes de recogerlo. Nunca nadie preguntó de dónde venían esas costumbres ni porque se mantenían a lo largo de los años. Mucho menos imaginaron que fueran costumbres judías.