El otro día estaba leyendo en la Enciclopedia de anécdotas e ilustraciones un pequeño gran relato, que además había escuchado en algún curso de los que he tomado y te lo comparto. Una moraleja que es la constante de muchas personas, quienes están a disgusto con su trabajo y simplemente lo hacen porque no encuentran algo mejor o bien, porque como sabemos, hay bocas que alimentar y cuentas por pagar. Estar atado a un trabajo nada más por un cheque que se espera cada semana, o cada quince días, es tan enfermizo como cualquier enfermedad degenerativa.