En Wall-e, la película de Pixar y Disney estrenada en el 2008, los seres humanos del futuro viven en el espacio exterior, en una nave llamada Axioma, en un estado de inutilidad física al que llegaron seducidos por promesas como "nosotros lo hacemos por ti", "no hace falta caminar" y "la frontera final es la diversión", promesas de comodidad total y de una vida feliz.
Tres películas en una: la primera cuenta la llegada de Cristóbal Colón a las Américas y su encuentro con las comunidades indígenas del Caribe; la segunda, la documentación de una rebelión popular en Cochabamba, Bolivia, con motivo de la privatización del agua en el año 2000 y la tercera, la película concreta que vemos en el presente. Las tres perspectivas tejen una historia de Latino América desde los tiempos precolombinos hasta hoy. Se trata de También la lluvia (2010), uno de los filmes hispanohablantes más sugerentes en los últimos años.
Si los escultores del renacimiento se hubieran inspirado en el futbol, el modelo seguramente habría sido Miguel Ángel Calero Rodríguez. Fue esculpido con el cincel de la ardua rutina de veneración al cuerpo humano. Sobresalió 190 centímetros de la superficie terrestre. Y acabó siendo uno de los miembros más destacados de ese extraño grupo de solitarios que resguardan el área del gol en la liga mexicana.