¿Nuevo juicio para Sara Kruzan?
Hace algún tiempo escribí sobre Sara Kruzan, una mujer que purga la pena de cárcel por haber asesinado a su proxeneta en el Estado de Los Ángeles.
Hace algún tiempo escribí sobre Sara Kruzan, una mujer que purga la pena de cárcel por haber asesinado a su proxeneta en el Estado de Los Ángeles.
Con el revuelo en Argentina por el caso de Marita Verón, y la publicación de los fundamentos de la absolución a los trece imputados por el crimen de Marita comenzaron a correr una serie de rumores desagradables relacionados con quien es o quien no es, o debería ser Marita y también, su mamá Susana Trimarco. También sobre el supuesto "oportunismo" al momento de hablar sobre la trata de personas y la esclavitud moderna.
La semana pasada Argentina estuvo revolucionada por el fallo emitido por una corte de Tucumán- en el Norte argentino- que absolvió a los trece imputados (seis mujeres y siete hombres, entre ellos ex policías) por la privación ilegítima de la libertad y promoción de la prostitución en concurso real de la joven María de los Ángeles Verón, conocida como Marita.
Hace algunas semanas, y por el intermedio de Dont Sell Bodies y de Medios Lentos he tenido la oportunidad de cursarle algunas preguntas a Susana Trimarco y hoy, a raíz del indignante fallo que nos llega desde Tucumán -absolviendo a los trece acusados-, decidí publicar algunos segmentos del mismo.
Hace algunos días, estuve conversando por telefono con una amiga periodista, llamada Luciana Mazza. Ella dirige uno de los pocos medios que dedican gran parte de sus ediciones a informar y prevenir sobre la trata de personas en la Argentina. Su portal tiene, por ejemplo, una sección entera dedicada a la trata de personas y su columnista, es el apoderado de la Fundación María de los Angeles. Y en caso que no les suene el nombre de la fundación, les cuento que es la fundación que hizo la grandísima Susana Trimarco.
El año pasado se informó públicamente que Colombia era una fuente significativa de trata de personas- lo hizo la Embajada de Estados Unidos en el país y fue a través una filtración de un cable. Ese cable fue reflejado en varios medios e incluso era coincidente con una situación largamente denunciada por la sociedad civil: la trata de personas es un gran problema en Colombia. De acuerdo con ese mismo cable, la mayoría de las víctimas eran personas desplazadas, especialmente niños y mujeres que terminaron explotados sexualmente.
Cuando Natanalie Pérez le dijo a su familia que se iba a Miami para trabajar en el mundo del modelaje, su familia se sintió tranquila. La jovencita de 19 años se iba con una de sus mejores amigas y quien había sido novia de su primo, a trabajar, supuestamente para una agencia de modelos que les prometía casa, comida y todo para triunfar.
Hoy día, según Jada Pinkett Smith sobrepasan los 20 millones el número de personas que siguen siendo compradas, vendidas y forzadas a laborar como esclavos en todo el mundo todos los días. ¿Las víctimas? Hombres, mujeres y niños de todas las clases sociales, razas y etnias, de pueblos lejanos, villas y nuestros propios barrios.
Hace algunos días, leí que había culminado su recorrido la caravana de familiares, principalmente madres, de inmigrantes centroamericanos desaparecidos en México. ¿En dónde culminó? En Oaxaca, y - para finalizar- las mujeres realizaron oraciones alrededor de unas 60 fosas en Arriaga, que guardan los restos de migrantes, cuyos familiares no han reclamado, asimismo lo hicieron en Tapachula, en donde existe un mayor número de fosas comunes.
La esclavitud fue abolida hace bastante más de 100 años en América Latina, pero sin embargo, esto parece no tener sentido en muchos de los rincones de nuestro continente. Esto cada día se hace más evidente y duele aún más cuando leo (y escucho) estas cifras que llegan de México y están relacionadas con el crimen organizado y la trata de personas.
Hace poquitos días leí en este mismo periódico que se firmó un acuerdo entre la Fiscal General de California Kamala D. Harris y la Fiscal General de México Marisela Morales Ibáñez de colaboración en las investigaciones criminales en las que estén implicados miembros de bandas transnacionales que trafiquen seres humanos.
Hace años que conozco a Betty, aunque la primera vez que le pregunté por su caso fue hace pocas semanas. Ella vino por primera vez del Paraguay hace diez años, con la promesa de un trabajo en una casa de familia en Buenos Aires, que le pagaría lo suficiente para que pueda enviar dinero a sus papás, que vivían en un pueblito cercano a Asunción.
En el mes de mayo, Ecuador fue el anfitrión de un gran evento regional que abordó la trata de personas. Previo a la celebración del evento, Hiroshima Villalba, subsecretaria de Garantías Democráticas del Ministerio del Interior de Ecuador, dijo a la prensa que uno de los grandes problemas era el "desconocimiento del delito en operadores políticos y judiciales"- refiriéndose creo yo, a la importancia de capacitar e informar a los distintos estratos sobre este terrible crimen, que afecta a todos los niveles de la sociedad.
A propósito de un post que escribí hace algunas semanas, leí que México tomará un papel más activo a nivel regional en la lucha contra la trata de personas y ayudará al resto de los países a adelantar legislación y brindar capacitaciones.
Es imposible saber a ciencia cierta saber. Digamos, se estima. Todos los números que tenemos son estimaciones, y yo en esto, le doy la razón a la reconocida activista Jada Pinkett Smith quien escribió hace algunas semanas que hoy día pasan los 20 millones el número de personas que siguen siendo compradas, vendidas y forzadas a trabajar como esclavos en todo el mundo todos los días.
En Buenos Aires existe un barrio que se llama Liniers, ubicado al Oeste de la ciudad. Es un importante polo comercial y un punto ineludible de transporte y comunicaciones. También concentra una gran colectividad proveniente de la vecina Bolivia y, en menor medida del Perú, por lo tanto, no es extrañar que existan bares, restoranes y locales comerciales donde uno puede comprar desde ají, pollo 'broster' hasta los últimos wayñus.
En el mes de junio de este mismo año, leí en un periódico que México es el tercer lugar en trata de personas en América Latina y el Caribe, de acuerdo con cifras del Fondo de Población de la ONU. Este mismo artículo denuncia que de acuerdo con la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niños en América Latina CATWLAC la trata de personas es un problema creciente en el país, siendo la impunidad lo que la acoge y que "las entidades federativas en donde hay mayor incidencia de desaparición de mujeres y niñas son: Baja California Sur, Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Chiapas, Durango, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Nuevo León, Puebla, Oaxaca, quintana Roo, San Luis Potosí, Tamaulipas, Tabasco, Veracruz y Zacatecas".
Sara tiene casi mi edad. Pero en vez de nacer en Buenos Aires, ella nació en Riverside. Las dos nacimos en el mes de enero. Mi madre, es historiadora y mi padre, era abogado. La mamá de Sara era adicta a la cocaína y sufría de graves trastornos emocionales. Su papá, era ex convicto y adicto a la heroína.
Hace algunos meses, llegó a mis manos un artículo escrito por Rosa Montalvo que me marcó mucho, porque fue una de las veces en las que sentí esa sensación de yo podría ser una de ellas.
No es un crimen nuevo. Se lo denominaba "trata de blancas"- un término por demás xenófobo. Luego, simplemente "trata" o "tráfico de personas". Y tampoco es nuevo lo difícil que resulta adoptar medidas efectivas para su prevención y erradicación. Parece que nunca aprendemos de nuestros propios errores, ni de nuestras propias luchas.