Miguel Diaz Canel desempeñara ahora el gris rol que tenia Raúl Castro aceptando ciegamente lo que Fidel dijera le gustara o no; y lo que le permitió ser segundo, heredero y sucesor. Cuba sigue hoy a expensas de la voluntad de un hombre. Hoy es Raúl Castro que en mi opinión quiere hacer pero esta refrenado mientras esté vivo Fidel Castro.
En días recientes dos presidentes han anunciado formalmente su decisión de no permanecer en el primer puesto de sus países después de ese año: Rafael Correa en Ecuador y Raúl Castro en Cuba, nación esta que, incluso, reformará su Constitución para establecer un máximo de dos períodos de cinco años para las posiciones políticas más altas.
Santiago y su caluroso verano acogen esta semana a destacados mandatarios de la Unión Europea y el la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (CELAC). Angela Merkel, Enrique Peña Nieto, Mariano Rajoy, Ollanta Humala y decenas de otros mandatarios se darán cita en la capital chilena para avanzar en agendas comunes de desarrollo e integración.
Ocupados en descifrar lo que pasará en el futuro inmediato (el 21 de Diciembre en el calendario maya) o en el lejano (la colonización de Marte) muchas veces perdemos de vista lo que está sucediendo en el presente, donde, a fin de cuentas, reside la semilla de todos los futuros. Sin dejar de aprender del pasado e incluso usándolo para entender y profundizar en lo que vemos a diario, es el aquí y el ahora el que esconde los códigos de los próximos caminos...
Frente a esta imagen perfectamente ordenada (el presidente junto a una secuencia escalonada de ocho hermanos), cuesta apartar la vista (Link al sitio Escambray con la nota).
Tal parece que los emisarios hispanos del aspirante presidencial republicano, Mitt Romney, se quedaron sin excusas para explicar sus abismales cifras de apoyo entre los votantes latinos y lo más sencillo es colocarle la cereza al pastel con ofensas. Ahora resulta que los latinos no apoyan a Romney porque están mal informados y porque los demócratas han sido efectivos en prometerles programas sociales. O sea, porque somos tontos y mantenidos.
Nunca he entendido la ambigüedad de Obama hacia Latino América. En el verano del 2008 viajaba yo por varios países de la región y la simpatía hacia el joven senador encendía la imaginación de muchos latinoamericanos. Su historia conectaba muy bien en una región donde la desigualdad social y los prejuicios étnicos siguen siendo una plaga difícil de erradicar. La imagen de un afro estadounidense disputando la presidencia del país más poderoso del planeta servía de inspiración a las nuevas generaciones y ponía en evidencia el discurso trasnochado del populismo anti-imperialista.
Muchas veces pasamos por alto el efecto de la historia en el triunfo social de un individuo o una comunidad, tendiendo a representarlo como resultado de eventos recientes y en algunos casos como consecuencia de actos heroicos. Sin embargo, ese triunfo, definido como hecho ejemplar y modelo a seguir, es también parte de una evolución, cuyas raíces ayudan a entender el presente. Es cierto que, como parte del ajedrez político, el gobierno de Estados Unidos acoge y estimula la presencia de cubanos aquí, pero también lo es que esa presencia tuvo un lugar y un tiempo a donde mirar como parte de su adaptación al nuevo país.
Es duro admitirlo pero Fidel Castro contó en sus inicios con el apoyo, inconformidad e irresponsabilidad social del pueblo cubano. Muy caro hemos pagado nuestras ligerezas. Hemos retrocedido como nación y nos hemos erosionados, divididos y regados por el mundo. El terror repartido de generación en generación por hogar cubano ha sido tanto que solo se opta por la salida del país o por la careta nacional. Ello es una de las razones del porque la disidencia cubana se ha extraviado tanto del drama nacional y no tiene gasolina espiritual para avanzar.