Al debate sobre la reforma migratoria le aguarda su dilema más espinoso: el estatus legal de los 11 millones de inmigrantes indocumentados que, se estima, viven en Estados Unidos. El Presidente Obama trató de abordar el tema ofreciendo la "acción deferida" a los inmigrantes indocumentados que ingresaron al país en infancia, pero los ajustes a la normativa migratoria no acabaron ahí.
Las terribles escenas de Abu Graib están frescas en la memoria de los ciudadanos del mundo (la diminuta y cruel soldadita Lynndie England y su feroz pastor alemán) y los interrogatorios en terceros países, los traslados de presos en aviones sin matrícula y la mera existencia de Guantánamo, señalan la distancia que les falta por recorrer a los EEUU en el camino de la civilización. Quizá en su segundo periodo el Presidente Obama desande los pasos de su predecesor en ese sentido.
Como parte de su cortejo a los hispanos, ahora que busca permanecer en la Casa Blanca, el Presidente Barack Obama dio un paso notable en junio pasado al acercarse a nuestra comunidad para beneficiar a miles de jóvenes indocumentados, los conocidos como Dreamers por su lucha de alcanzar el reconocimiento ciudadano y salir del estatus de indocumentados a través de la propuesta legislativa conocida como Dream Act y que ha sido rechazada en el Congreso.