Casi todos los días conocemos nuevas personas y vemos a otras por última vez. Casi todos los días ocurre algo nuevo en nuestra vida y ocurre algo por última vez. Por eso, tenemos que aprender a dejar ir. Tenemos que aprender a dejar ser. Sin apegos, ya que sólo después de vaciar un vaso, podemos llenarlo con el contenido que se requiere en ese momento.
Es muy frecuente que en nuestro diario vivir, inconscientemente, nos obligamos, nos maltratamos y nos exigimos demasiado a nosotros mismos, ya sea en nuestras labores profesionales, como padres, hijos, pareja y demás roles que cumplimos a diario, a tiempos completos. La presión puede ser que tal que muchos son los que se pierden de vivir lo realmente importante por desgastarse a más no poder para demostrarle al mundo, a su familia, a sus amigos, a sí mismos, hasta dónde pueden de llegar y lo que son capaces de obtener.
Hace ya algunos años que a pesar de estar "disfrutando" en mi país - Costa Rica-- de lo que socialmente han establecido como "éxito profesional", decidí abrazar una oportunidad que se me presentó para iniciar una nueva vida profesional - y por ende personal-- en México. Llegué a esta hermosa tierra con las maletas cargadas de ilusión, sueños y deseos, pero, las cosas al principio - en realidad, los 3 primeros años-- no resultaron ser lo que yo esperaba o más bien, no elegí ver lo bueno de cada situación que sucedía y el aprendizaje que implicaba