Los cambios son duros. Dejar atrás viejos modos, aunque sean tóxicos, no es sencillo. El actual debate migratorio no sólo puede resultar en la primera reforma de nuestras leyes de inmigración en casi 30 años sino que paralelamente expone la lucha interna republicana por su propia reforma: entre quienes quieren rescatar al Partido Republicano de la irrelevancia a nivel federal, y quienes permanecen aferrados al pasado.
Poco a poco se dan a conocer los detalles del compromiso alcanzado por la "Banda de los 8" senadores en materia de reforma migratoria. La mayoría de los responsables de la negociación han dicho que no estarán dispuestos a negociar detalles y que media vez se haga publico el texto de la legislación esperan aprobación rápida.
WASHINGTON - No hay nada más exasperante que en medio de la derrota o el dolor que provoca una mala decisión -o decisiones-, alguien diga "te lo dije". Pero tras el mea culpa del Partido Republicano sobre los errores cometidos condenando el partido a la derrota en la esfera nacional, incluyendo sus posturas antiinmigrantes o hacerse de la vista larga cuando las voces más extremistas definían la colectividad o la dirigían hacia un abismo demográfico y electoral, sólo resta decir "se lo dijimos".
Si Rubio verdaderamente tiene aspiraciones presidenciales o vicepresidenciales, esta es su oportunidad de emerger como un líder republicano que cambie la imagen de antiinmigrante y antihispanos que tiene su partido, no sólo por su retórica sino por sus propuestas específicas. El mensaje electoral hispano fue claro: quieren una vía de ciudadanía para los 11 millones, lo cual comparten además con el resto de los estadounidenses, una solución amplia y sensata y no medias tintas que no solucionen el asunto. Y Rubio puede ser uno de los abanderados en la búsqueda de esa solución y en el proceso, comenzar a enmendar la imagen de su partido entre los hispanos.