Los huracanes son elementos puramente de crisis en la psiquis de aquellos que viven en la cuenca del Caribe. Estos fenómenos atmosféricos curiosamente dependiendo de la letra que les toque ese año, son bautizados con un nombre distintivo, ellos son como el crimen, no discriminan a quienes se llevarán por el medio y mucho menos conocen los límites de la destrucción que causarán.
Nueva York, una ciudad en la que cada metro cuadrado cuesta cientos de dólares, se especializa en playrooms y playgrounds, habitaciones destinadas a ofrecer un poco de calma a los padres que buscan un respiro en sus minúsculos apartamentos. Bien establecida la escena, podrán imaginar que estos lugares repletos de criaturas indefensas -en teoría- se vuelven una fotografía de la sociedad y sobre todo, de sus usos, costumbres, egoísmos y... enfermedades. Como esta anécdota en donde una niñera terminó con derrame ocular.
En una conversación con Woody Allen tras el estreno de su aclamada "Midnight in Paris", me dijo que le encantaban las ciudades bajo la lluvia. Especialmente Nueva York y París. Desde entonces me quedé con la idea de que existen tres tipos de personas: las que aman la lluvia, las que la odian y a las que simplemente les gusta ver llover tras la ventana. En Nueva York, esto queda muy claro.
No se trata de un asunto de patrioterismo, sino de conveniencia profesional y económica... En segundo lugar, Johán donó una suma alta de dinero, pero ignoro si fue un millón de dólares, como dices... Tercero, el público de Nueva York es quien paga la mayor parte de los honorarios de él... Cuarto, esas donaciones en Estados Unidos se rebajan de los Impuestos... Y por último, no me lo ha dicho, pero quizá Johán suponga que en Venezuela nadie necesita nada, ya que nos hemos pasado más de una década regalando petróleo y dólares a cuantos chulo gobernante de otros países los piden.