Nos impresiona que fichar a Cristiano Ronaldo sea el equivalente al producto interno bruto de un país en desarrollo, pero el que paga no adquiere sólo los goles que crean sus piernas, su imagen va incluida en el contrato. En el mundo hay cientos de miles de personas que copian su peinado y millones de niños jugando tanto en China como en Finlandia, con el siete en la espalda y el escudo del Madrid en el pecho. La mercadotecnia ha confeccionado membresías especiales para los que no pueden ir al estadio. Los colores los llevan los jugadores, los aficionados los compran.