Todos tenemos problemas, y todos creemos que nuestros problemas son los más importantes del mundo, entonces deseamos resolverlos, y en ese momento incurrimos en el principal error, nos preocupamos, es decir, no nos ocupamos de resolver el problema, sino que nos preocupamos por las consecuencias del mismo.
Cuando se trata del amor, los hombres tienen más miedos que nosotras, pero la diferencia es que la mayoría no lo dice. Experimentan hasta los miedos que faltan por inventarse: miedo a ponerse viejos, a padecer de la próstata, a la calvicie, a comprometerse, a tener hijos, a enfrentar a las esposas y hablar lo infelices que son, a tres en una noche o simplemente a que no les funcione.