En la América Latina de nuestros días conviven todo tipo de realidades. En pleno siglo 21 contamos todavía con esquemas de la guerra fría, como lo fue la influencia de la Unión soviética en Cuba, habrá que recordar episodios como la crisis de los misiles y bahía de cochinos por ejemplo. Y el bloqueo a la isla por parte de los Estados Unidos.
Chávez se distinguió por ejercer un estilo de gobernar verticalista, omnipotente y omnipresente, sin dejar lugar a dudas quien era el centro y la fuerza de la revolución, apoyándose en un culto a su personalidad. Un presidente que aun ya desaparecido físicamente y en su lecho de muerte fue capaz de devaluar la moneda y de nombrar al canciller de la república sin que nadie se atreviese a cuestionarlo.
La dirigencia bolivariana de Venezuela ha tenido dos años para planificar el futuro después del fallecimiento su líder histórico. No es difícil imaginar el intenso trabajo de coordinación y apoyo entre venezolanos y cubanos de cara a lo que se ha convertido en una realidad y que, sin dudas, tendrá repercusiones en el desarrollo de los actuales movimientos revolucionarios latinoamericanos, aunque no en la dirección que los enemigos de los mismos creen.
Serán las primeras elecciones en 14 años sin que el Comandante sea abanderado socialista. Sin su carisma, sin su poder, sin su discurso, pero con el mismo pueblo que lo impulsó y afianzó en el Palacio de Miranda, desde donde logró sacar de la pobreza a 29 millones de venezolanos y convertir a su país, en el segundo país en todo el continente que más redujo la miseria, tan sólo detrás de Ecuador.
Talentoso y carismático, Hugo Rafael Chávez Frías pudo haber sido un gran beisbolista, deporte que era su principal pasión en la niñez y adolescencia, pero optó sin embargo por un camino que lo llevó a convertirse en la figura política más importante y controversial de América Latina en los últimos 20 años.