Quizá de lo poco bueno que quedará del legado de Hugo Chávez y sus catorce atropellados años de gobierno, será que, urgidos porque sus países no cayeran en el híbrido de régimen dictatorial, torpeza macroeconómica y democracia sin división de poderes que es el Socialismo del Siglo XXI, gran parte de los líderes latinoamericanos, empresarios y políticos, se vieron por fin obligados a extender la mirada a los pobres que siempre olvidaron.
Yo quería que el presidente Chávez perdiera por los votos, no que le ganara un cáncer. Y en estos últimos días he pensado en él como un Mandela que pudo haber sido, pero que no fue. Una verdadera lástima porque el legado de Hugo Chávez sería grande si se hubiera dedicado a unir al pueblo en lugar de dividirlo.