Sería un desacierto absoluto del gobierno de Juan Manuel Santos aceptar un alto a las operaciones militares del gobierno durante la negociación en La Habana mientras que las FARC continúan con su agenda de abusos a civiles, secuestros y ataques a las fuerzas del orden, negándolo y disfrazándolo con excusas baratas.
A partir de la muerte de Hugo Chávez me he hecho las siguientes preguntas: ¿Por qué tantas personas lo siguieron? ¿Por qué existen las FARC y el ELN en Colombia? ¿Por qué Fidel Castro y la Revolución Cubana? ¿Por qué Perón? ¿Por qué Correa y Morales? ¿Por qué tiene tantos adeptos el Socialismo del Siglo XXI? ¿Por qué tantos golpes militares y guerras civiles y dictadores en América Latina?
Quizá de lo poco bueno que quedará del legado de Hugo Chávez y sus catorce atropellados años de gobierno, será que, urgidos porque sus países no cayeran en el híbrido de régimen dictatorial, torpeza macroeconómica y democracia sin división de poderes que es el Socialismo del Siglo XXI, gran parte de los líderes latinoamericanos, empresarios y políticos, se vieron por fin obligados a extender la mirada a los pobres que siempre olvidaron.
Es imposible saber a ciencia cierta saber. Digamos, se estima. Todos los números que tenemos son estimaciones, y yo en esto, le doy la razón a la reconocida activista Jada Pinkett Smith quien escribió hace algunas semanas que hoy día pasan los 20 millones el número de personas que siguen siendo compradas, vendidas y forzadas a trabajar como esclavos en todo el mundo todos los días.