La primer ironía y quizás la parte más triste del asunto, es que no se trata de una simple pinta propagandística a favor de AMLO, sino del trabajo de un conjunto de artistas, muchos de ellos dedicados desde hace varios años a la promoción de la cultura y las artes, y que a la par de decenas y decenas de artistas de distintas disciplinas, escritores e intelectuales, han logrado una explosión cultural en Tijuana, que ha provocado la atención y los espacios en distintos foros internacionales.
Si alguien ponía aún en tela de juicio que la presidencia de Vicente Fox representó sólo un cambio de siglas del partido en el poder, pero no la ansiada alternancia política en México, el propio panista se ha encargado ya de disipar cualquier duda. Él nos acaba de confirmar que jamás trabajó a favor de una verdadera democracia porque simplemente no entiende el significado de esa palabra.
Cuando yo era niña odiaba el juego de las sillas musicales: ese en el que alguien ponía música, todos se paraban de sus sillas y corrían alrededor mientras alguien más quitaba una de las sillas; de pronto la música cesaba, todos debían correr a sentarse, y por supuesto, alguien quedaba sin silla. Así que para no quedarse en esa situación, uno tenía que correr de más, empujar a quien fuera, así se tratara del hermano o el amigo más querido, y pelear una silla a morir.
La manipulación informativa catapultó la reacción de los estudiantes quienes, en un fenómeno que México jamás había vivido, inundaron de una día para otro las redes sociales, con el bien definido intento de repudiar a los medios informativos mercantilistas y exigir acceso de los ciudadanos a una información veraz, libre de la corrupción y el manipuleo del gobierno y de los partidos políticos.
Era de esperarse, mas aún así sigue siendo sorprendente. Una movilización estudiantil que hace lo que la clase política y el árbitro electoral han dejado de hacer. Una voz joven que está dejando en claro cual debe ser el futuro de el país. Sin duda alguna que el movimiento #yosoy132 ha comenzado a destapar la frustración y el despertar de un pueblo que se había escondido detrás del temor y el hartazgo.
A mí me dio mucha pena el debate presidencial. Los candidatos estuvieron mal; faltó frescura y sobró previsibilidad. Algunos señalan que la culpa del desencanto fue del formato cuadriculado del IFE, que permitía que los candidatos no necesitaran improvisar mucho. Sin embargo casi todos dicen que su candidato fue el vencedor.