No se animaron a decir qué es lo que Paul Ryan quiere hacer con Medicare, ni cómo cortarían programas para reducir al máximo posible al gobierno federal. No se animaron a confesar que están dispuestos a luchar hasta la muerte para asegurar que a los millonarios no se les aumenten los impuestos. No se animaron a decir que quieren restringir los derechos de una mujer a tener un aborto ni se animaron a confesar que si tienen el poder harán todo lo posible para que se legisle la prohibición de los matrimonios de homosexuales.