Considerando que en el mundo que mil millones de personas sobreviven con un dólar diario y que para el 2015, más 600 millones de personas de todo el mundo seguirán en pobreza extrema, y la mitad del planeta sin agua potable y sin energía, no está de más reconocer a estos tres países americanos que han logrado cumplir con los Objetivos del Milenio.
El Día de la Tierra se celebró por primera vez el 22 de abril de 1970 en Estados Unidos, Canadá y varios países europeos con el objetivo de fomentar una conciencia ambiental. Hoy en día millones de personas alrededor del mundo celebran el Día de la Tierra sumándose a actividades enfocadas en la protección de la naturaleza y los recursos naturales.
A partir de la muerte de Hugo Chávez me he hecho las siguientes preguntas: ¿Por qué tantas personas lo siguieron? ¿Por qué existen las FARC y el ELN en Colombia? ¿Por qué Fidel Castro y la Revolución Cubana? ¿Por qué Perón? ¿Por qué Correa y Morales? ¿Por qué tiene tantos adeptos el Socialismo del Siglo XXI? ¿Por qué tantos golpes militares y guerras civiles y dictadores en América Latina?
Chile, mi país, despierta recelo en el resto del continente. Y no es para menos. Nuestro presupuesto de defensa es diez veces más alto que el de Bolivia, cuatro veces más que el de Perú y el doble que el de Argentina. Los tres son los países que limitan con nuestro territorio, y en la instrucción que se les hace a los cadetes chilenos se les da a entender que ellos, bolivianos, peruanos y argentinos, son nuestros enemigos.
De entre las últimas generaciones de estudiantes secundarios que contribuí a formar académicamente, me llamaba la atención la cantidad de muchachos que habían decidido estudiar criminología. Era una carrera nueva que empezaron a abrir la mayoría de las universidades privadas, institutos e incluso un quinteto de universidades estatales.
Es una de las más desalentadoras incongruencias de los políticos de izquierda. De los que conquistan cargos públicos, dirigencias sindicales o cupos parlamentarios. Toman la causa de los oprimidos, hablan de injusticia social, aventan eslóganes anticapitalistas ante la muchedumbre, e incluso besan niños pobres frente a las cámaras, pero, a la vez, viven como si fuesen nobles u oligarcas.
El nombre del título corresponde a un joven graduado recientemente del Instituto Nacional de Chile, quien rompió el guión de su discurso de graduación e imputó la educación que se ofrece en el prestigioso colegio. El Nacional ha sido el Alma Mater de varios presidentes del país, incluido Salvador Allende, aunque, como González afirma, no sea este uno de los más recordados en las aulas. La valentía del estudiante todavía hace olas en las redes sociales chilenas y latinoamericanas.
En el Perú el nombre Fujimori sigue siendo una braza caliente. El demonizado ex mandatario está recluido a una larga condena por violación de Derechos Humanos y corrupción, pero hace tiempo que sus familiares piden el indulto y ayer mismo el ex presidente Fujimori declaró que va a solicitar "su propio perdón" al presidente Ollanta Humala.
Pillín, Cholo, Boby y Terry son los nombres habituales de los perros quiltros* nacidos en Chile. Son los llamados mestizos. Sobrevivientes de mil peleas callejeras, acostumbrados al frío, al hambre y al vagabundeo. Suelen deambular por las calles, miran con ojos de pena a los niñitos que salen de los McDonalds, esperan la luz verde de los semáforos y supervisan los desfiles públicos. Cuando alguien se siente perturbado por su presencia, simplemente les espeta: ¡anda a echarte mierda! Llamarse Cholo es como llamarse Juan en humano, Pillín equivale a Pedro, Boby a Luis y Terry a José.
La dinámica es casi siempre la misma. Secundarios, universitarios, desempleados, obreros, ancianos y minorías étnicas se reúnen desde distintos sectores de la ciudad. Pueden ser entre doscientos mil y trescientos mil. Llevan pancartas, gritan consignas contra el modelo económico, contra el presidente de turno, contra el imperialismo yanqui y contra el FMI.
Lo que antes parecía natural, como lo es la imposición de pequeñas oligarquías apropiadoras sobre las grandes masas de despojados, se torna, por efecto del simple análisis, en antinatural y aberrante. Las sociedades mundiales, y particularmente la estadounidense, no son precisamente cofradías fraternas que evolucionan hacia el mejor porvenir posible, sino más bien una enorme masa de seres desvalidos que intentan sobrevivir ante la ferocidad de los grupos de depredadores que se articulan en cada lugar.