Estaba ante mi computadora preguntando a Dios y los ángeles sobre qué tema debería escribir cuando 'coincidencialmente' -lo coloco entre comillas, pues no creo que haya coincidencias; creo que todo es por causalidad, no por casualidad-, recibí un email de un lector cuestionando la existencia de los ángeles definiéndolos como un 'montaje' y preguntando dónde se encontraban estos seres en momentos en que niños han sido asesinados en diferentes circunstancias, o como por ejemplo en el triste evento en un teatro en el estado de Colorado. Allí entendí que debía hablar sobre este tema.
Para la mayoría de nosotros, el ángel de la guarda ha estado presente en nuestras vidas desde que éramos pequeños, rezando la oración: "ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día". Desde entonces se ha convertido en un compañero inseparable que nos protege y ayuda en todo momento.