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Redefiniendo valores

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Culminó la reunión de los presidentes de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) o sus representantes en La Habana.

Durante la I Cumbre el mundo escuchaba que la CELAC nacía para afirmar la unidad latinoamericana y eliminar de la ecuación a los Estados Unidos. Todos sabían que era la alternativa de Fidel Castro y Hugo Chávez a la Organización de Estados Americanos y
posiblemente también a las Cumbres Iberoamericanas.

Podría pensarse que el romanticismo anti-norteamericano se iba quedando obsoleto ante la falta de liderazgo actual de EUA en comparación a décadas anteriores. Pero no, destilar odio anti-yankee sigue siendo la excusa funcional para que violadores de derechos humanos continúen reprimiendo sin ser cuestionados y ganando más de una simpatía entre ingenuos y oportunistas.

Estos últimos parecen no haber visto el apretón de manos entre el dictador de turno y Barack Obama. Ni el bajo perfil de la Casa Blanca ante el barco norcoreano cargado de armas cubanas violando las sanciones estadounidenses y de la ONU, y poniendo en peligro la seguridad del Canal de Panamá.

La alta clase política no parece ver el peligro de que la organización regional que se perfila como la mayor y más importante de las Américas sea el bebé de los dos gobiernos más
antidemocráticos de toda la región.

Está controlada por un hombre que llegó al poder de manera dinástica como parte de una dictadura que jamás ha sido elegida por sus ciudadanos y que se torna cada vez más violenta.

Veamos algunos hechos aparentemente inconexos. En el 2010, luego de dejar morir al preso
político Orlando Zapata Tamayo, el gobierno cubano no dejó entrar al país al relator de la ONU contra la tortura. El Secretario General Ban Ki-Moon, ya está en La Habana, quizás con la condición de no hacer preguntas.

Desde hace dos años la represión contra la sociedad civil cubana y venezolana solo ha ido en aumento. Durante el 2013 se documentaron más de 6000 detenciones arbitrarias por motivos políticos en Cuba, mientras miembros de la oposición en Nicaragua temen por sus vidas y escapan al exilio.

Oswaldo Payá, líder de la disidencia cubana y gestor de la mayor movilización ciudadana independiente de los últimos 55 años, muere en un atentado luego de una persecución por miembros de la Seguridad del Estado de la Isla, sin que las autoridades cubanas reciban aún ninguna consecuencia.

Nicolás Maduro toma el poder en Venezuela luego de elecciones evidentemente fraudulentas, y es inmediatamente reconocido por el ejecutivo de toda la región. La pasada Cumbre Iberoamericana en Panamá se realizó con la ausencia de la mayoría de los mandatarios.

Hace más de 4 años que los mandatarios de la OEA decidieron dejar sin valor la expulsión de Cuba y, a pesar del desprecio profesado y expresado por el gobierno cubano hacia su Secretario General y hacia la organización, José Miguel Insulza está en La Habana con motivo de la CELAC.

Probablemente a cambio intentará que el gobierno cubano participe en la Cumbre de las Américas en el 2015.

El nuevo orden regional es una expresión más de la hemiplejia moral de los actuales presidentes latinoamericanos cuando se trata de los derechos humanos de los cubanos.

Se vuelve a callar el sufrimiento de un pueblo que lleva más de 65 años sin participar de elecciones libres y plurales. Pero no puedo evitar sentirme retórica al mencionarlo porque todo el mundo --desde el Parlamento Europeo, hasta el gobierno español, hasta las relatorías de Naciones Unidas, saben que las reformas en Cuba son un fraude, que mi padre murió en un
atentado luego de muchas amenazas de muerte del gobierno cubano, y que todos los días se
violan derechos fundamentales en mi país.

Sin embargo, la mayor parte de estos poderosos actores parecen estar todo el tiempo pretendiendo.

Así encontramos a Ban Ki-Moon visitando La Habana y felicitando a los dictadores por sus supuestos avances económicos, mientras algunos de los estados más antidemocráticos del planeta dominan el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Y es que si no se está actuando, se está cediendo terreno, y uno muy preciado: el de los valores de base de la democracia, que parecen ahora redefinidos a fin de no poner en evidencia la hipocresía.

¿De qué otra manera se entiende a Raúl Castro jactándose de conservar la pena de muerte ante toda América Latina, en su aceptación de la presidencia pro tempore de la CELAC?

Los populistas con tintes totalitarios que Cuba ha fomentado muestran su agradecimiento, pero los ciudadanos al sur del Río Bravo, que ven cómo cambia el color político pero sigue la corrupción y la manipulación, comienzan a despertar. Los cubanos sabemos que solo nosotros
podemos conducir nuestro país hacia la verdadera democracia, y constatamos la insolidaridad
y el doble estándar internacional.

La esperanza vuelve a la persona, al ciudadano que es quien tomará la última decisión. Es hora de reaccionar como hermanos latinoamericanos para detener la amenaza que el gobierno cubano y el pensamiento antidemocrático significan.

Contamos con nosotros mismos.