Roberto Alvarez-Quinones

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Petróleo en Cuba: La 'actualización' inmóvil

Publicado: 05/06/2012 07:10

cuba oil production

La doble noticia de que no tiene petróleo el pozo que a un costo de $150 millones perforó la empresa española Repsol a 3,000 metros de profundidad en las aguas cercanas a Cuba y que dicha compañía se retirará de la isla, así como la posibilidad de que Hugo Chávez no esté apto --o vivo--, para ser reelecto como presidente en octubre, han complicado las cosas para el régimen castrista.

La plataforma gigante Scarabeo-9, que trasladada desde China fue utilizada por Repsol para perforar el pozo que resultó estar seco, ha sido contratada por una unión de empresas formada por Petronas, de Malasia, y Gazprom-Neft, de Rusia, que a un costo de $150,000 diarios perfora ahora otro pozo en el fondo del mar. Pero dentro de cinco meses es que se sabrá si hay allí "oro negro".

Por lo pronto, el futuro "socialista" del castrismo depende de que no esté seco también ese pozo. Si lo está, la dictadura no tendría más remedio que permitir la formación de un sector privado y atraer inversiones extranjeras --como hicieron China y Vietnam--, por dos motivos: 1) sin Chávez en Miraflores, aún si se mantuviesen los subsidios éstos disminuirán y no serán suficientes para mantener a flote la economías cubana, y 2) el Congreso de Estados Unidos no va a permitir que la isla sea invadida por turistas estadounidenses, por mucho lobby que haga el régimen aquí en "el imperio".

Si Petronas-Gazprom halla petróleo eso sería una estupenda noticia para el gobierno, pero pésima para las aspiraciones del pueblo cubano de edificar un Estado moderno de derecho y emprender el desarrollo socioeconómico. Con petróleo el castrismo se afianzaría en el poder y diría que más allá de la desaparición física de los dos dictadores.

Pero de momento el pozo seco ha congelado los planes de la nomenklatura castrista de enriquecerse y reducir su dependencia de Venezuela, que le regala a la isla unos 115,000 barriles diarios de crudo, equivalentes al 65% del consumo cubano -unos $3,000 millones--, más otros $6,000 millones en forma de subvenciones.

Todo esto ocurre mientras se percibe ya el empantanamiento de la "actualización" del modelo económico socialista, incapaz de mejorar el nivel de vidas de los cubanos debido a la oposición de Raúl y Fidel Castro a crear un sector económico privado. Ambos insisten en que el comunismo tiene salvación y se puede perfeccionar.

No importa el fracaso de Mijail Gorbachov, quien también pensó que a la dictadura del proletariado inventada por Carlos Marx se le podía transformar en racional, productiva, y darle un "rostro humano". Optimista, el líder ruso lanzó una restructuración ("perestroika") del sistema comunista acompañada de una inédita transparencia informativa (glasnot) en los medios de comunicación.

Claro, la combinación de racionalidad con transparencia en el socialismo trae resultados letales y "el tiro salió por la culata". Quedó al desnudo el carácter inútil y represivo del modelo y éste sucumbió en menos de 5 años. Lejos de salvarlo, la "perestroika" lo mató.

En tanto, en China y Vietnam decidieron desmontarlo poco a poco a golpes de libertad económica y un tsunami de capitales burgueses provenientes de todo el planeta.

Los Castro aprendieron la lección soviética, y asustados con el "socialismo de mercado" chino-vietnamita elaboraron una receta diferente, no para salvar el comunismo tropical, sino para mantenerse ellos en el poder. Emprendieron una versión restringida de restructuración económica y burocrática, sin transparencia mediática o tolerancia política alguna --que fue lo que destapó la Caja de Pandora en la Unión Soviética--, y sin liberar la fuerza productiva.

El tufo a viejo lo dio el VI Congreso del Partido Comunista en sus "Lineamientos": "No se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas (negocios privados) o naturales" (individuos). Es decir, que se prohíbe crear capital nacional. Y la pancarta que abrió el desfile el pasado 1 de mayo en La Habana decía: "Preservar y perfeccionar el socialismo".

Ese inmovilismo ya está asfixiando la "actualización". La irracionalidad socialista sólo se puede aliviar si se reducen los astronómicos costos de producción estatales, pero para ello se necesita un sector privado que dé empleo al 43% de la plantilla de 4.2 millones de empleados del Estado que debe ser echada a la calle, unos 1.8 millones de trabajadores que son innecesarios según un estudio del gobierno.

Incapaz de crear riquezas

La economía castrista es incapaz de emplear productivamente al 37% de la fuerza laboral total de 4.9 millones de trabajadores que tiene la isla, según datos oficiales. En una economía normal de mercado, si cada uno de los 1.8 millones de trabajadores "innecesarios" en Cuba produjesen valores por $20,000 anuales, podrían crear bienes y servicios por valor de $36,000 millones, de los que carecen hoy los cubanos.

Como muestra de la negativa de los Castro a que haya en la isla miles de negocios privados recientemente se bajó a 500,000 el número de trabajadores que quedarán desempleados en los próximos 3 años. Es decir, que en 2015 seguirán sobrando 1.3 millones de trabajadores estatales y los costos de producción seguirán por las nubes.

Sin un fuerte sector privado no se puede siquiera realizar el "perfeccionamiento empresarial", que consiste en despedir empleados innecesarios, aplicar principios y categorías económicas capitalistas en las empresas estatales y darles más autonomía, algo que se hace en las empresas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) desde 1987.

Ese es el instrumento para intentar convertir en eficientes a las 3,700 empresas del Estado, de las cuales 2,800 --el 75% del total--dejan pérdidas. Las gerencias tienen más autonomía y obtienen un porcentaje de las utilidades si la empresa cumple el plan previsto de ganancias, rentabilidad, calidad de la producción y surtido. Los trabajadores también obtienen una parte de la ganancia, pero si logran reducir los costos, o los mantienen bajos, según fue planificado.

Autogestión y autoengaño

En eso consistía el modelo socialista autogestionario de la Yugoslavia del mariscal Josip Broz Tito, quien además permitía la propiedad privada en los servicios y ciertos sectores económicos. Recuerdo que esta autogestión era rechazada por Fidel Castro, el Che Guevara y toda la cúpula castrista. Siendo el Che el "asesor" principal de la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), la calificaba de traición al socialismo.

Hoy en las empresas de las FAR el salario de cada obrero depende del resultado concreto de su trabajo. Al ser variable su ingreso, funciona como acicate para aumentar la productividad, que es una de las más bajas del planeta. También las empresas son estimuladas, o penalizadas, según los resultados financieros de su gestión.

Esto de vincular el salario al rendimiento del trabajador se aplicó en la URSS y Europa Oriental en los años 70 y 80, incluso con versiones más atrevidas en Hungría, Polonia y Rumanía. Y no lograron evitar que sus economías se quedaran muy a la zaga de las de Europa Occidental y que finalmente sucumbieran.

La moraleja aquí es clara: no se puede actualizar un modelo económico inservible, hay que desecharlo como hicieron 33 de los 35 países que "construyeron" el socialismo marxista-leninista en el siglo pasado. Más aún si no hay petróleo a la mano.

 
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