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Raul Caballero

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Muros y Puentes: Con la música por dentro

Publicado: 07/12/2012 11:10

bob dylan

Una de las cosas que me encantan de Mita es su relación con la música. Es cotidiana pero hay días en que ella y la música se trenzan, escucha y canta. Selecciona. Escucha y canta. Canta al unísono de sus voces preferidas, con sus discos favoritos, sobre todos, los de sus años mozos, los que la hicieron.

Vuelve a esa misma música que en realidad nunca se le fue. Pero igual, lo mismo se clava con José Alfredo Jiménez que con Betsy Pecanins. Se desplaza con naturalidad entre Louis Armstrong y Pedro Infante, entre Amparo Ochoa y Hugh Laurie, entre Joaquín Sabina y Diana Krall y Silvio Rodríguez y Violeta Parra y Javier Solís y Víctor Jara (y tantos, tantos otros, desde luego). Hace ya muchos años le di a conocer a Billie Holiday... se involucró con ella hasta el tuétano y, al paso del tiempo, ella me correspondió presentándome a Sarah Vaughan a la que conoció en Chicago. El blues y el jazz también la recorren, también la han hecho.

En esos días cuando ella y la música se fusionan uno la ha encontrado incluso en el piso, rodeándose poco a poco de los discos que va escuchando. Se va rodeando de las portadas, de los discos y sus fotos y sus folletos o gacetillas. Así poco a poquito hasta que llega al centro de sus meros favoritos, de sus más significativos. De Simon y Garfunkel se pasa a Joan Baez. Acomoda los de Carly Simon, los abre, escucha un par de uno y se pasa a otras de otro. Vuelve a Joan, repite esa legendaria de Bob Dylan: Forever Young, una, dos, tres veces. Vuelve a Carly y así llega a Carole King. Se la ve coger Tapestry con una mezcla de algarabía interior y gran amor. Observa la portada largo tiempo. ¿Qué estará pensando?, ¿qué recuerdos la entretienen? Ese clásico lo escucha completo y las canta todas (¡todas!), algunas las escucha dos veces, en esos momentos vive dentro de sí.

Goza y goza profundamente ensimismada. Mita y su música. Mita y sus discos. Su alma y lo que la hace ser así. Así fue una tarde, que ahora recuerdo, en la Casa Alta (hace dos casas: hemos venido cambiando de casas y ella las bautiza, a la actual la ha llamado Magnolia), la música siempre presente. Aquélla vez estaba en el centro de una habitación sentada sobre la alfombra, descalza y con su amplia falda en flor. Con sus discos por todas partes. Una-mujer-madura-que-sabe-lo-que-quiere... siendo jovencita. Cantando a todo lo alto con los ojos cerrados. Me le quedé viendo y la vi en su adolescencia, en su infancia, en el intersticio de uno de esos instantes en los que se conecta con su música. Esa imagen me hizo pensar en una chica Balthus. Si bien el entorno contemporáneo contrasta con los de su pasado, no es complicado imaginarla de adolescente, precoz por supuesto pero a la vez cargada de una inocencia infantil. Con ese temperamento tan suyo que lo mismo desafía desde la limpieza del candor que --por momentos chispeantes-- desde la malicia del albur (muy a lo mexicano). El desenfado sin mecanismos de defensa. La feminidad de Mita digamos entre Balthus y Almodóvar. El despliegue de la libertad sin acercarse a los linderos del combate contra los prejuicios. El territorio de la música en su ser y nada, nadie más.

En estos días no la encuentro desparpajada en el piso, la hallo cómoda y confortable en un sofá escudriñando todos los videos posibles (en You Tube) de José Alfredo (por ejemplo). Hoy esa misma joven es sobreviviente de un accidente cerebral, lo que no le ha impedido ese gozo que la identifica. Hoy es una mujer madura en tratos constantes con la joven que lleva dentro. En el umbral de la tercera edad emana así su juvenil encanto. La música la acompaña a todas partes, por cierto no obsta indicar que en el disco duro para música de su auto lleva grabados alrededor de 60 discos.
Por eso creo que su relación con ciertas voces y ciertos músicos de su pubertad la moldearon inigualablemente. Hace ya un buen de tiempo que le regalé uno de esos discos que conserva en distintas versiones: Tapestry (precisamente); yo le traje una versión que entonces sacaron con un par de piezas inéditas como bonus: Out in the Cold que es una rola que se quedó fuera del disco original pero que había sido grabada en las sesiones de Tapestry, y una versión en vivo de Smackwater Jack. Este disco lo escucho estos días en el auto y hace rato que me bajé de él, me bajé pensando en estas líneas que ahora lees.

 

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