Pocas cosas más fascinantes que circular por frontera entre México y Estados Unidos. Una larga, larga cicatriz que por momentos es río, por momentos es montaña, y en muchos tramos se convierte en un muro de acero con alambre de púas que por absurdo, ofende. Por ella transitan los sueños de miles de indocumentados que cruzan cada año de manera ilegal, pero también los de millones de personas que cruzan legalmente. Esto, en medio de la paranoia yanqui post 9/11, puede convertirse en una pesadilla para ambas partes.