Reza el dicho que "no hay mal que por bien no venga", una verdad realmente absoluta, pero a la hora de la realidad, la mayoría de las veces en nuestro camino por la vida nos tomamos demasiado en serio lo que nos sucede, hacemos un tsunami en un vaso con agua y nos hundimos en el mar oscuro de lo negativo. (De ahí ni quien nos saque, si no somos nosotros mismos los que nos salimos). Nos enfocamos en esas turbulencias que experimentamos en pleno vuelo del día a día, y no en el trayecto que hemos recorrido o en cómo desviarnos por otra ruta para hacer más placentero nuestro viaje y llegar con buen cause a un destino adecuado.