Quizás a Stuart Pearce le declaren en Londres persona non grata. O tal vez pase a la posteridad como el "villano" de los Juegos Olímpicos. No exagero; pero éste hombre merece tales despropósitos después de marginar de la competición multidisciplinaria a David Beckham, el atleta más famoso de Inglaterra y uno de los principales íconos deportivos del mundo.