Lo que hoy vimos en la cancha fue un deleite de tenis, por un lado, cortesía del magnífico Roger, con su perfección de muñequeo, su precisión, su asertividad, su calma y su experiencia, y por el otro, gracias a Del Potro con su enorme talento, su garra, sus largas carreras para alcanzar pelotas y su devoción por el deporte.