Recuerdo que cuando estaba en la Universidad me tocó tomar varios cursos de inglés. Reconozco que aunque me encanta, no soy muy buena con él, sobre todo pronunciándolo. Dos de los cursos para poder graduarse requerían de tener que pararse al frente de toda la clase y hacer varias presentaciones sobre diversos temas sociales. Grande era mi preocupación y los nervios ni se digan. Había noche que tenía pesadillas con la clase.
¡Qué difícil es a veces pedir perdón! Cuando tenemos la valentía y humildad de admitir que nos equivocamos nos quitamos un gran peso de encima. ¿Por qué no hacerlo mas a menudo? O mejor aun... ¿Por qué no actuar de manera correcta y así no generamos dolores a los demás? ¿Por qué lastimar y herir a alguien a quien amamos? Mi respuesta sería... porque somos de carne y hueso, no somos ni seremos nunca perfectos, errar es de humanos y se justifica aún más si no es premeditado, ni a propósito.
¿Con qué ánimo amaneciste hoy? ¿Has notado que tu estado emocional influye de manera importante en la forma en que respondes a los estímulos que recibes del entorno en que te mueves y del medio en que interactúas? Si al despertar te sientes molesto o algún evento altera tu estado emocional de manera negativa, es posible que tu actitud sea inapropiada durante el desarrollo del día, lo que en ocasiones puede ser comprensible según las circunstancias. Sin embargo, existen gran cantidad de personas que por costumbre o por tratarse de un rasgo propio de su personalidad, se manifiestan "normalmente" con actitudes hoscas, amenazantes, indiferentes o altivas.
Cuando algo no salga bien y sientas que el Universo conspira en tu contra recuerda que todo pasa, la energía se transforma. Las pruebas te hacen más fuerte, adquieres experiencia, te armas de valor y continúas con el mejor animo posible. Es muy probable que para dar consejos seamos muy buenos, aplicarlos es otra historia. La fuerza de voluntad y el deseo de estar bien serían elementos indispensable en cualquier situacion que nos cause dolor, salir adelante toma tiempo y paciencia. Suena cursi pero sí... Es un hecho el tiempo todo lo cura o todo lo acomoda.
En nuestros días, nos hemos acostumbrado a hacer las cosas de inmediato. Hemos sido programados para la rapidez, no nos gusta esperar, se nos dificulta caminar en la paciencia y como consecuencia, muchas veces, eso nos trae frustración y desesperación ya que no siempre todo sale al ritmo que deseamos o tal cual lo habíamos planeado. Nos resistimos a dejarnos llevar por el curso de la vida misma.
A lo que sea que te dediques siempre agradece lo que estás haciendo, debes saber que para algo esa labor llegó a tu vida y que si la disfrutas y das lo mejor de ti, esa energía te impulsará a seguir avanzando a tus sueños, a lo que deseas, asumiendo que de pronto lo que haces es tan solo un escalón. Y en caso de que ya vives el sueño de tu vida, es importante recordar que no porque hayas alcanzado la cima te puedes dormir en los laureles, porque siempre hay quienes están invirtiendo mayor energía y entusiasmo a eso que quizás tú crees que dominas. Nunca debes parar, nunca te conformes, hasta que lo bueno sea mejor y lo mejor excelente. Sé fuerte, sonríe, demuéstrate que tú puedes ser feliz, hagan lo que hagan, digan lo que digan los demás.
Cualquiera puede comenzar, pero lo difícil es terminar y prevalecer con éxito. Son muchos los que a diario emprenden e inician cosas, pero sólo un porciento muy pequeño logra en muchas ocasiones completar eso que tan anhelantemente emprendió. Tratando de mirar las cosas con perspectiva, pienso que si existe alguien que desea que nuestro carácter sea modelado, fortalecido y perfeccionado por medio de la perseverancia, ese es nuestro Dios.
Para la mayoría de personas lo que los demás hagan o digan cuenta e influye en sus vidas de una manera directa y en algunos casos trascendentalmente. Es algo así como tener una cuenta en el banco en la que todos pueden depositar y está en nosotros si eso que nos depositan aumenta nuestros ahorros (eleva el autoestima, estado de ánimo, confianza, motivación) o los disminuye (nos desgasta provocando constantes reacciones irritables). Todo depende de las palabras que recibimos de quienes nos rodean y de las situaciones que se nos presentan diariamente. Incluso, de la importancia que le damos a nuestros propios pensamientos. Nos pasamos la mayor parte de nuestra vida, sintiéndonos ofendidos por lo que alguien nos dijo, nos hizo, o pensó de nosotros y todo porque elegimos darle poder a los demás. Así de simple, no hay más.
El otro día estaba leyendo en la Enciclopedia de anécdotas e ilustraciones un pequeño gran relato, que además había escuchado en algún curso de los que he tomado y te lo comparto. Una moraleja que es la constante de muchas personas, quienes están a disgusto con su trabajo y simplemente lo hacen porque no encuentran algo mejor o bien, porque como sabemos, hay bocas que alimentar y cuentas por pagar. Estar atado a un trabajo nada más por un cheque que se espera cada semana, o cada quince días, es tan enfermizo como cualquier enfermedad degenerativa.
Con frecuencia, la vida me cruza en el camino con personas no videntes. Me llama la atención que siempre caminan con más seguridad que algunos de los que disfrutamos del sentido de la vista. Definitivamente están ahí para recordarme que debo soltar cualquier afán, esas preocupaciones que la mayoría de las veces gratuitamente nos permitimos al angustiarlos por lo que vendrá en nuestras vidas o quizás al mirar atrás por lo que ya no está o lo que fue.
Con tus palabras creas, sanas o destruyes. Tanto en tu vida como en la de los demás. Bien lo dice la maestra de metafísica Florence Scovel: "cambia tus palabras y cambiarás tu mundo, porque la palabra es tu mundo. La vida y la muerte están en el poder del hablar. Observa tus palabras con toda diligencia. Tu estás cosechando continuamente los frutos de tus palabras". Vaya gran verdad que muchas veces olvidamos.
Para muchas personas decir "no" es prácticamente imposible y viven resolviendo las necesidades de otros, dejando así de lado sus propias necesidades y verdaderos deseos. Te aplaudo de pie si en alguna época de tu vida no has experimentado esta situación, porque pareciera que en la niñez olvidan enseñarnos a que tenemos todo el derecho a decir que "no" y es importante -por nuestro propio bien- aprender a deshacer ese nudo de nuestras vidas, en caso de que lo tengamos atado.
A pesar de que es un bestseller empresarial del New York Times, desde su lanzamiento en 1998, y una pequeña pero gran obra de Spencer Johnson, hasta hace unos días llegó a mis manos el libro "¿Quién se ha llevado mi queso?" Una manera sorprendente de afrontar el cambio en el trabajo y en la vida privada.
Diariamente vemos personas que caminan por la vida en la oscuridad del día, aunque el sol este en todo su apogeo y las nubes estén de vacaciones. Estas personas tienen unas características muy particulares, en su inmensa mayoría se levantan a la misma hora todos los días, se alimentan de lo mismo, transitan por la misma ruta a su trabajo, hacen el mismo trabajo, llegan a su residencia y se acuestan a la misma hora.
El otro día vi una película que se llama The Joneses, una de esas que muchos y hasta la crítica, han catalogado como de "domingo" pero que si la vemos con ojos de conciencia nos deja reflexionando y la introspección del tema que trata es importante para avanzar en nuestra vida como mejores seres humanos y hacia nuestras metas. El mensaje es claro: definitivamente compararte con otras personas solamente dificulta tu progreso; no lo ayuda.