"¿Quieren ver nuestros papeles? Los hallarán en las urnas, el día de las elecciones. Nuestra comunidad no será intimidada. No nos enmudecerán". Reproduciendo un lema de las luchas sindicales, indicó "no nos moverán", para terminar, en español: "¡Ahora es nuestro momento!"
Si la hostilidad hacia inmigrantes en particular y latinos en general se renovará después de las elecciones, si esta marea de pequeñas victorias es efímera, si seguirán los intentos de legislar medidas draconianas en más estados, ¿ahora qué, qué nos queda?
La guerra por la Ley de Arizona (SB 1070), y la decisión de la Corte Suprema del 25 de junio, no resolvió ningún problema, solo sacó a la luz los viejos problemas.
En mi natal Puerto Rico había un programa infantil conducido por un personaje, el Tío Nobel, que llevaba a cabo competencias entre los asistentes con un singular detalle: nunca habían perdedores. Sólo ganadores o casi ganadores.
El fallo de la Suprema Corte de la nación determinando que Arizona tiene la potestad de implementar una de las cláusulas más controversiales de su ley migratoria SB1070, la 2(B) que permite que la policía cuestione la situación migratoria de alguien legalmente detenido o arrestado si existe 'sospecha razonable' de que es indocumentado, tiene el potencial de oficializar la discriminación y el uso de perfiles raciales de quienes luzcan 'diferentes' o 'extranjeros', de darle alas a otros estados para impulsar leyes similares, y de afectar la política electoral a meses de las elecciones generales.
Se acabó mayo y quienes están interesados en el tema migratorio esperan con ansia cuál será el veredicto de la Corte Suprema de Justicia, en junio, acerca de la ley SB 1070 de Arizona, que permite los arrestos por sospechas de no tener papeles y criminaliza a los indocumentados.
En ese momento, Arizona dejó de ser conocida nada más por ser la tierra del Gran Cañón y los rojizos escenarios donde John Wayne filmó muchas de sus películas. Acababa de nacer el racista, xenófobo y odiado Arizona.
No necesitamos legislación fragmentada, confusa, y compuesta de 50 leyes estatales distintas de inmigración.
Con 50 millones de latinos en el país, y cuando tres de cada cuatro latinos son ciudadanos estadounidenses, "todos son sospechosos", declaró Murguía. "Este es un momento definitorio en la historia de los derechos civiles de los latinos", agregó.
"Los políticos no van a cambiar, los narcotraficantes no van a cambiar, los que tienen el poder nunca, entiéndanlo, nunca van a cambiar. Si por ellos fuera se quedarían ahí de por vida. Para que las cosas cambien, los que tenemos que cambiar somos nosotros". La periodista mexicana Anabel Hernández habla con voz fuerte y de manera directa, sin medias tintas.