Está claro que en Estados Unidos no es realista pensar que un padre no pueda llegar a conseguir leche para su hijo, como pasa en muchos países sumidos en la pobreza. Lo vimos en Boston, ni en la peor de las emergencias. Pero lo que sí puede pasar es que sigamos perdiendo niños inocentes en manos de la violencia.
Alimentadas por conjeturas y saltos mortales de la lógica, las teorías conspirativas tienen un común denominador: hay un poder oculto - en este caso, el gobierno federal de Estados Unidos - que está detrás de los acontecimientos de una manera secreta, permanente, perfectamente encubierta, y que, sin embargo, ellos, los que saben, pretenden conocer.
La capacidad de reacción ante la tragedia que tienen los habitantes de esta nación es impresionante. Desde los paramédicos, bomberos y policías que corren sin dudar hacia el fuego, hasta los civiles que estaban, o pasaban, por azar, por el lugar de los hechos, todos se mancomunan en el fin de salvar vidas, en la causa de ayudar a los heridos.
El desgaste en el poder, más que el surgimiento de líderes ajenos a la política como Fujimori, Chávez o el presidente electo de Paraguay, Horacio Cartes, aunque esté enrolado en el inoxidable Partido Colorado, obra en contra de los partidos tradicionales.
Es un monstruoso crimen seguir mirando hacia al lado y no reconocer la metástasis destructiva que están haciendo las donaciones políticas. Propongo prohibirlas y que el estado -a todos los candidatos o aspirantes a reelegirse- financie del presupuesto nacional lo que se estime básico de los gastos de las campañas políticas.
La única explicación que viene a mi mente cuando pienso en el hecho de que el Senado de Estados Unidos no haya sido capaz de aprobar una enmienda que hubiese ampliado el control de antecedentes para la venta de armas es que "son unos vendidos". Vendidos a la influencia de la Asociación Nacional del Rifle y a otras empresas que donan dinero a campañas políticas y hacen lobby en Washington. Ojalá y esté equivocada y algunos todavía voten por convicción, pero lo dudo.
¿Por qué es importante no sucumbir al miedo? Porque la respuesta al miedo es la locura, la represión, el fin de las libertades individuales, el advenimiento de los caudillos. En el miedo nos esperan los mesiánicos con sus ideas radicales.
Por primera vez en la semana - por ahora - el panorama informativo nacional se tranquiliza. Baja la polvareda y el humo. ¿Volvemos a la normalidad? Sí, pero una nueva y diferente, de una naturaleza que todavía no podemos vislumbrar.
Desde que fuimos formados en el choque cultural entre los naturales de estas tierras y los europeos, el común denominador ha sido la diversidad de pensamiento, necesidades y conceptos sobre el bienestar.
La Maratón de Boston sufrió un ataque terrorista, dijo el Presidente Obama, y es verdad, aunque aún no sabemos si los terroristas son ciudadanos americanos o extranjeros, si sus 'ideales asesinos" son por políticas internas o externas, aún desconocemos muchos y dudo que algún día conozcamos la verdad, pero sabemos los nombres de los tres inocentes muertos y de los cientos de heridos, cuyo uno delito fue ir un día de sol a disfrutar una fiesta popular.
La respuesta a la pregunta inicial es un rotundo "sí". Los malos nos pueden hacer caer, nos pueden hacer dudar de nuestra capacidad, de nuestra resistencia, pero no nos pueden ganar la carrera.
Hoy no puedo escribir como periodista sino como un ser humano que es madre, hija, hermana que pudo haber perdido a los que más ama durante el atentado terrorista en el maratón de Boston. Hasta el momento han fallecido cuatro personas, entre ellos un niño de ocho años que participaba, al lado de sus padres, y que nunca llegó a la meta ni imaginó que un día de deporte y diversión se convertiría en el último de su vida.