La violencia contra la mujer es un problema global que no exime a ninguna clase social, ni a comunidades religiosas, ni grupos étnicos. Si bien es adecuado indignarse por la opresión contra la mujer en Afganistán, quienes honestamente levantan sus voces deberían igualmente denunciar la violencia contra la mujer en su propio vecindario.
Les he hecho preguntas difíciles a personas importantes, he abordado temas controversiales, como la crisis del SIDA y la violencia doméstica, me he enfrentado a escépticos hombres de negocios en la sala de juntas y he hecho televisión en vivo frente a millones de televidentes. Pero una cosa que nunca he hecho es participar en la lucha libre de la política estadounidense. Hasta ahora.
La realidad mexicana muestra un hecho contundente e inobjetable: la guerra de Felipe Calderón es absolutamente falsa. El gobierno federal no sólo no disminuyó el orden del crimen organizado, sino que fomentó las escisiones entre los grupos criminales para que éstos crecieran en magnitud, intensidad e importancia.
El cronista cuenta la historia de un joven mexicano que cada noche viaja dos horas para llegar de su casa al restaurante donde trabaja. No tiene auto; utiliza el autobús y camina varias millas por las zonas más oscuras de la ciudad, donde las ratas corren entre sus pies y los peligros acechan en cada esquina.
No es mucho el ascenso de los homicidios en El Salvador durante los primeros 18 días del presente junio, pero la preocupación no ha caído en gracias. El gobierno ha hecho intensa publicidad sobre un posible triunfo sobre la violencia, cuando quizás no sería esa la verdadera tónica.
Los cárteles de la droga han salido victoriosos tras casi seis años de guerra. Los gobiernos de Calderón y Obama son corresponsales de la derrota contra el narcotráfico. El nuevo presidente heredará organizaciones criminales globales altamente sofisticadas, además de terriblemente violentas, que manejan un negocio de miles de millones de dólares.
"Un día una reportera le preguntó a mi mamá: ¿Usted como madre, en su interior, qué siente señora? ¿Siente que está vivo? Y mi mamá le respondió sin titubear: Sí, yo estoy segura de que aún vive. La reportera le dijo: Si usted está segura, entonces lo está".
La crisis de inseguridad que se vive en México ha escalado a niveles de violencia que rebasan toda imaginación posible. Ante estos hechos estrujantes, la clase política está ciegamente zambullida en el proceso electoral que no repara en ofrecer propuestas que den solución real e inmediata a la situación tan extrema de violencia e inseguridad.
Los muertos continúan apilándose durante el gobierno de Felipe Calderón. Un breve recuento evidencia que la violencia abarca varios estados y alcanza extremos dantescos.
Con el lanzamiento de HuffPost Voces, las mujeres editoras que aquí compartimos alegrías, ilusiones, encuentros, desencuentros, hemos sacado también una voz. Casi todas somos madres y las que no lo son, están a punto, o ya saben lo que es vivir la maternidad, aunque sea por las aventuras de nosotras.
Regina no era un "pez gordo", alguien vinculada con el poder o que debiera cuentas. En todo caso, su culpa fue realizar su trabajo bajo un gobierno en el que la impunidad se ha vuelto la norma cotidiana.
Hacer justicia por el pasado violento es una condición para preservar la paz social y garantizar que el pueblo se dedique a crecer, individualmente y socialmente. Es garantizar que la ley prevalezca.