Ahora, la policía de Los Ángeles es un modelo nacional de cómo el personal de mando, la comunidad y la policía pueden trabajar en conjunto para cambian un departamento.
Lo que está ocurriendo en Venezuela nos importa. Nos debe importar. Allí están los matones del curso, vistiendo uniformes ridículos y poniéndose brazaletes pomposos y saludando con el brazo derecho erguido hacia el frente, al igual que lo hizo un pobre oficial austriaco frustrado en 1933 al tomarse el poder en Alemania.
"Mi primer rifle fue un juguete", pueden decir muchos adultos. Pero en el hermanito de la fallecida Carolina ese recuerdo tendrá un significado muy diferente. ¡Qué horror!
Durante 16 meses de investigaciones, Human Rights Watch entrevistó a 281 jóvenes condenados por delitos sexuales, con una edad promedio de 15 años, en 20 estados distintos, así como a cientos de familiares de estos jóvenes, abogados defensores, fiscales, jueces, funcionarios de aplicación de la ley, especialistas en el tema y víctimas de agresiones sexuales entre menores.
Está claro que en Estados Unidos no es realista pensar que un padre no pueda llegar a conseguir leche para su hijo, como pasa en muchos países sumidos en la pobreza. Lo vimos en Boston, ni en la peor de las emergencias. Pero lo que sí puede pasar es que sigamos perdiendo niños inocentes en manos de la violencia.
Alimentadas por conjeturas y saltos mortales de la lógica, las teorías conspirativas tienen un común denominador: hay un poder oculto - en este caso, el gobierno federal de Estados Unidos - que está detrás de los acontecimientos de una manera secreta, permanente, perfectamente encubierta, y que, sin embargo, ellos, los que saben, pretenden conocer.
Por primera vez en la semana - por ahora - el panorama informativo nacional se tranquiliza. Baja la polvareda y el humo. ¿Volvemos a la normalidad? Sí, pero una nueva y diferente, de una naturaleza que todavía no podemos vislumbrar.
La respuesta a la pregunta inicial es un rotundo "sí". Los malos nos pueden hacer caer, nos pueden hacer dudar de nuestra capacidad, de nuestra resistencia, pero no nos pueden ganar la carrera.
Hoy no puedo escribir como periodista sino como un ser humano que es madre, hija, hermana que pudo haber perdido a los que más ama durante el atentado terrorista en el maratón de Boston. Hasta el momento han fallecido cuatro personas, entre ellos un niño de ocho años que participaba, al lado de sus padres, y que nunca llegó a la meta ni imaginó que un día de deporte y diversión se convertiría en el último de su vida.
Conocí a María Ruiz hace dos años, mientras realizaba un reportaje sobre violencia doméstica. Sus dos hijas pre adolescentes la acompañaban. María había sido maltratada por su ex esposo, pero su rostro reflejaba un dolor muy profundo, más allá del que pueden dejar unos golpes. "Mi hija se suicidó...cansada de tanto maltrato y dolor".
Hace un año, Joe Carrillo, un investigador privado con el que he trabajado en varias ocasiones, me contó que él conocía muy bien a Michael Hernández, un jovencito que cumple una sentencia de cadena perpetua en una prisión del sur de la Florida, luego de haber asesinado a Jaime Gough, su mejor amigo cuando sólo tenía 14 años.
La ciudad del pecado y los excesos también tiene su cara oculta: el juego, el alcohol, las drogas y la prostitución. Además, los altos índices de desempleo, de pobreza y de marginación social desmontan la idea de paraíso de Las Vegas, que disfraza sus vergüenzas con la fase suprema del hedonismo.