La muerte de alguien famoso despierta toda clase de reflexiones. El vivir bajo el reflector, además de exponerlos, seguramente envejece a esos seres que ilumina y distingue, pero cuando ese reflector se apaga provoca una oscuridad que lo abarca todo. Es lógico que la desaparición repentina de alguien cause una conmoción y más cuando se trata de alguien público.