Como muchos recordarán la gimnasta estadounidense McKayla Maroney, es recordada no sólo por su actuación excelente en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, también lo es por su gesto, al parecer de enojo al recibir una medalla de plata y no de oro, como ella lo hubiera deseado (aquí el blog).
Este lunes República Dominicana se bañó de gloria olímpica, cuando dos de sus atletas consiguieron colarse al podium de Londres 2012, pero una historia es la que nos marca, esa es la del atleta dominicano Félix Sánchez. Sánchez logró lo impensable, vino de atrás, resurgió de sus cenizas, como el ave Fénix, y se llevó la medalla de oro en los 400 metros con vallas, demostrándole a quienes dudaban de su capacidad deportiva derivada de su edad, que él es como los vinos, entre más añejos... mejor.
Una medalla olímpica es la culminación de cuatro o más años de preparación, donde un atleta participa en diversas competencias para lograr su boleto a la justa deportiva más grande en la historia, participar en unos Juegos Olímpicos. Hoy vi en Londres algo muy diferente por parte de una competidora de los Estados Unidos, McKayla Maroney, quien ganara la medalla de plata en gimnasia en salto, pero quien en su rostro reflejó, enojo, molestia, todo lo opuesto al gusto por recibir una presea olímpica.