No hay que cantar victoria antes de lo recomendado, pero hay que admitir que la reforma migratoria que comienza a debatirse en el Comité Judicial del Senado a partir de este jueves ya ha sobrevivido varias muertes, y le quedan varias por delante.
Las familias cubanas en Estados Unidos podrán hacer lo que sus compatriotas en Latinoamerica o Europa: regresar a su país. Tan simple como eso. pero es eso lo que los "defensores de la libertad", no toleran.
McCain deshizo el 44% del voto latino logrado por George W. Bush en 2004. Sólo logró el 31%. Pero los republicanos no aprendieron la lección y en 2012 el abanderado republicano, Mitt Romney, se fue más a la derecha de McCain y promovió el concepto de autodeportación como su plataforma migratoria.
Responden, ya no a intereses partidarios realistas y consideraciones futurísticas, sino a algo más entronizado y poderoso: el odio hacia los inmigrantes. El que ellos mismos cultivaron como arma política contra éstos y luego contra el mismo Obama.
Lo más importante es que contrario a cuatro años atrás ahora todos los sectores están negociando lenguajes legislativos de reforma migratoria de manera bipartidista, y el elemento central es una vía de ciudadanía para los 11 millones de indocumentados.
Al debate sobre la reforma migratoria le aguarda su dilema más espinoso: el estatus legal de los 11 millones de inmigrantes indocumentados que, se estima, viven en Estados Unidos. El Presidente Obama trató de abordar el tema ofreciendo la "acción deferida" a los inmigrantes indocumentados que ingresaron al país en infancia, pero los ajustes a la normativa migratoria no acabaron ahí.
Nadie habla de trato especial. Todos parten de la premisa de que la vía de ciudadanía conlleva un difícil y estricto proceso que tomará años. Pero lo correcto es que sea un proceso directo, incluyente, razonable y alcanzable.
Como latinos estamos de acuerdo que la legalización de los inmigrantes es el tema de mayor importancia, y que los legisladores deben darle prioridad, todos conocemos el problema que la falta de una legislación moderna adaptada al siglo XXI, está acarreando a millones de personas, que vinieron a este país a buscar el sueño americano.
Si Rubio verdaderamente tiene aspiraciones presidenciales o vicepresidenciales, esta es su oportunidad de emerger como un líder republicano que cambie la imagen de antiinmigrante y antihispanos que tiene su partido, no sólo por su retórica sino por sus propuestas específicas. El mensaje electoral hispano fue claro: quieren una vía de ciudadanía para los 11 millones, lo cual comparten además con el resto de los estadounidenses, una solución amplia y sensata y no medias tintas que no solucionen el asunto. Y Rubio puede ser uno de los abanderados en la búsqueda de esa solución y en el proceso, comenzar a enmendar la imagen de su partido entre los hispanos.
Cuando uno puede ponerle nombre o una cara familiar al asunto de inmigración y ve en televisión que gente como el congresista republicano Steve King compara a inmigrantes- a nosotros mismos y nuestros familiares- con perros de caza, indigna y es difícil que cualquier otro argumento económico o de educación logre persuadirnos de votar a favor de personas del mismo equipo de King. Es ahí donde la dignidad puede más que cualquier otro punto y por más que pidan el voto en español quebrado, el mensaje es claro: "mi casa no es tu casa... pero vota por mí"
Buscando que leer, me encontré en la librería Books a Million de Concord con una sorpresa: que la estrella política del momento, el senador cubanoa...
El senador republicano de Florida, Marco Rubio, lamentó que el tema migratorio se utilice como "ping-pong" por ambas partes del espectro político evitando así una solución real, y aseguró que su idea legislativa a largo plazo para los Soñadores, engavetada sin ser presentada, no tenía la intención de influenciar la presente elección.
Marco Rubio es una sirena de poderoso simbolismo, pero no representa ni nunca representó los intereses de la comunidad latina. El "Príncipe del Tea Party" es ideológicamente un conservador puro que tiene más en común con los sectores más retrógrados del partido Republicano que con su ala moderada.
Con la elección en puerta, la batalla por el voto latino en curso, y la posibilidad de un republicano presente un proyecto de ley sobre el DREAM Act, medida que tiene el apoyo de nueve de cada diez latinos, aumenta la presión para que el presidente Obama eche mano de su autoridad ejecutiva y gire una orden ejecutiva que proteja a los Soñadores de la deportación.
Podemos soñar en grande y nuestro Congreso puede hacer la diferencia. Nuestros funcionarios electos deberían tomar la decisión responsable de trabajar con el senador Rubio en su propuesta y así resolver este problema. El sueño de muchos depende de ello.
Ciertamente es una versión "light", pero en este mundo político donde las percepciones a veces pesan más que las realidades, Rubio da la impresión de que quiere buscar una solución y de que está dispuesto a hacerlo de forma bipartidista.