Cuando eres gay o transgénero, es bastante común pensar que el amor de tus padres tiene condiciones o hasta fecha de vencimiento, incluso si ellos te aman a morir. Te dices a ti mismo, "ahora me quieren, pero eso es sólo porque no lo saben todavía. Y en cuanto se enteren, van a dejar de tenerme cariño."
Hace 22 años, el 15 de noviembre de 1990 para ser exactos, recibí la peor noticia de mi vida de boca de mi hermana mayor... "Mi mamá murió". Esas fueron sus palabras, imposibles de creer y muy dolorosas. Una joven de 19 años de edad, acompañada siempre de su madre, que iniciaba el tercer semestre de su carrera de periodismo y que desde ese momento vislumbraba un camino sin la guía y el apoyo de su madre.
La historia dice que una de las familias más unidas del reino animal son los pingüinos. Cuando llega la época de aparear, el macho elige a su hembra para luego encargarse de cuidar al huevo mientras ella busca los alimentos para unirse nuevamente en el nacimiento del nuevo miembro. Cada año, el macho regresa en busca de una hembra, siempre elige la misma... Así es mi familia, desde que tengo uso de razón se ha hecho un culto a la fidelidad, a la unión familiar y sobre todo a elegirnos a diario, no por obligación sino por amor.
Más allá de haber nacido bajo el mismo signo zodiacal, mi mamá y yo, teníamos poco en común. Al menos eso pensaba. Al menos eso me hizo ella entender ... Mi madre me dio "alas para volar" a donde yo quisiera. Me alcahueteó cuando quería salir a fiestas y aun no tenía edad para tener licencia de conducir. Aceptó mis decisiones, mis opiniones, confió en mí, y me dejó ser. Siempre.