Desde que fuimos formados en el choque cultural entre los naturales de estas tierras y los europeos, el común denominador ha sido la diversidad de pensamiento, necesidades y conceptos sobre el bienestar.
A raíz de las elecciones presidenciales, todo el establecimiento político está analizando y diseccionando el dormido gigante que despertó: los más de 12 millones de latinos que votaron y ayudaron a propulsar el presidente Barack Obama a la victoria en estados claves. Los republicanos están preocupados, y con razón-sobre su apoyo sombrío entre este grupo demográfico, pero siguen mostrando una falta de entendimiento, con el argumento de que la razón por la cual los latinos rechazaron su agenda era un problema de comunicación en lugar de un problema más complejo.
El comentarista radial de ultraderecha Rush Limbaugh dijo en su programa después de la elección 2012, que las mujeres habían elegido a quien las trataba como vaginas. Es obvio que este señor utiliza sus micrófonos para tratar de ilustrar lo que considera su realidad con comentarios increíblemente sin fundamento. Porque en caso tal todo dependería del concepto de vagina de cada cual y del respeto de cada persona a la mujer.
En la semana de Acción de Gracias estoy agradecida por muchas cosas y una de esas es poder sentir que el cinismo todavía no me ha consumido totalmente cuando de cuestiones políticas se trata. Desde el 7 de noviembre, pasadas las elecciones, escuchar las declaraciones de los dos partidos en favor de una solución a nuestro dilema migratorio me ha dado esperanzas de que esta vez las piezas parecen comenzar a caer en su sitio y de que sería posible un arreglo legislativo bipartidista al escurridizo asunto.
Han terminado las elecciones de Estados Unidos con una victoria de Barack Obama sobre Mitt Romney, por más de 100 votos de distancia sobre su contrincante. Aunque algunos aseguran que ha sido una de las elecciones más apasionantes de las últimas décadas, también ha sido una de las que más distracciones ha tenido, por otras decisiones que los estadounidenses tuvieron que tomar en estos días.
Una reflexión e introspección profunda sobre las elecciones del 2012 debe ser algo fundamental para los líderes del partido Republicano en estos momentos en que perdieron la elección presidencial. Sin que haya un análisis y aceptación de que algo anda mal, y que por ese motivo en vez de atraer a la gente, las ahuyenta, los Republicanos no se van a poder levantar ni ganar ninguna elección presidencial en el futuro.
Los latinos votaron. Obama fue reelegido, y los demócratas mantuvieron su control del Senado, mientras hicieron avances frente a la mayoría republicana en la Cámara de Representantes. Obama obtuvo el 75% del voto latino--y no sólo por la inmigración, sino también por una variedad de temas a los que los republicanos hacían oídos sordos. Sin embargo, tanto Demócratas como Republicanos tienen que afrontar el hecho de que el voto Latino es ahora crucial para definir una elección nacional, como lo demuestra el análisis de Gary Segura y Matt Barreto de Latino Decisions. Tal como lo dije en mi entrada anterior, los políticos son más propensos a atender las demandas de aquellos grupos que votan e impactan el resultado de una elección. Este es el caso del pasado martes y es una oportunidad que no debería ser desaprovechada.
Han pasado los días, pero fue algo inmemorable. Después de vivir una noche cargada de emociones por el subibaja de los resultados de los votos electorales estado por estado, de rojos a azules y viceversa, ya en la madrugada del miércoles 7 de noviembre vino la calma.
Prácticamente cualquier artículo escrito después de las elecciones relacionado con la comunidad inmigrante insiste en que Barack Obama, reelecto presidente de Estados Unidos, "nos la debe".
El miércoles pasado amaneció como siempre. En Nueva York, agua y nieve; en Los Ángeles, un cielo despejado, un clima envidiable. Los negocios funcionando normalmente, las calles con su misma limpieza o suciedad, dependiendo de quién las frecuenta. Nadie podría percatarse de que la noche anterior la población se había expresado con su voto, en las elecciones más importantes en la historia reciente, no sólo de los Estados Unidos.
Tras el abrumador apoyo del voto latino al presidente Barack Obama y la inequívoca confirmación del papel que jugó el tema migratorio en esos resultados, ha sido entretenido ver la reacción, no sólo de los vapuleados republicanos, sino de los medios de comunicación en inglés que por años han venido ignorando a este sector -y al tema migratorio-. Tomó una sola noche para que se dieran cuenta de que en el país hay latinos, de que sus asuntos cuentan y de que gradualmente sus números han cambiado el panorama demográfico del país y por ende, el panorama político.
Los votos ya han sido contados (excepto en Florida, como ya se está siendo costumbre). El resultado es claro: Los demócratas retuvieron la Casa Blanca y la mayoría en el senado gracias a un fenómeno demográfico. Karl Rove y otros conservadores quieren atribuirlo a un fenómeno pero en su caso es atmosférico, la súper tormenta Sandy. Sin duda eso explica aún más su pérdida. A pesar de las discrepancias, lo cierto es que Barack Obama y Harry Reid deben sus posiciones a que los hispanos pasaron del registro a la votación. Veamos cómo se dio.