Cumpliendo la promesa a los niños latinos
Hace once años, mi madre se sentó sola en la mesa de nuestra cocina, luchando con resolver la manera en que pudiera lograr hacer realidad el sueño de ir a la universidad para mí y para nuestra familia. Después de mudarnos a los EE.UU. desde México, durante mis años en la escuela media, las barreras que me separaban de la educación superior eran numerosas. Sin una tarjeta de residencia hasta el final de mi segundo año, siempre asumí que el bachillerato sería el fin de la educación pública y el comienzo de mi vida laboral.