La única explicación que viene a mi mente cuando pienso en el hecho de que el Senado de Estados Unidos no haya sido capaz de aprobar una enmienda que hubiese ampliado el control de antecedentes para la venta de armas es que "son unos vendidos". Vendidos a la influencia de la Asociación Nacional del Rifle y a otras empresas que donan dinero a campañas políticas y hacen lobby en Washington. Ojalá y esté equivocada y algunos todavía voten por convicción, pero lo dudo.
Está claro que se trata de un pleito cuyo desenlace, incierto a primera vista, pronto será evidente. Un pleito en el que le va al país una nueva visión que, de lograrse actualizar el significado de la segunda enmienda, será paradigma para las siguientes generaciones, será un zeitgeist reconfortante para la Generación Newtown, cuya tragedia, si Obama tiene éxito, pasará como la detonante del cambio.
Dejémonos de chiquilladas y cultivemos un genuino interés en buscar respuestas a las interrogantes trascendentales. ¿Dónde están las acciones gubernamentales remediarías al problema de la criminalidad y de la proliferación y fácil acceso a las armas de fuego? ¿Aparte de legislar, qué acciones contra el auge en crímenes de odio?