En Pekín, una de las ciudades más pobladas del mundo, olvidarse en casa la mascarilla para respirar puede ser un descuido mortal debido a la alta polución. A pesar del grave inconveniente, la capital del Imperio chino parece no tener límites. Su población creció en la primera década de siglo un 50%, con cerca de 20 millones de habitantes.
En la América Latina de la década de 1960 y 70, la República Popular China de Mao Tse-tung era la esperanza para muchos que soñaban con un mundo nuevo. Una utopía que quedó sepultada hace mucho cuando las diferentes variantes del modelo leninista quedaron desprestigiadas para siempre en los gulags estalinistas y en una Revolución Cultural China que tenía más de represión totalitaria que de redefinición ideológica.
Con la incertidumbre sobre el futuro de Hugo Chávez debido a su enfermedad -cuya gravedad él disimula bien-- y ante la certeza de que cualquier hallazgo grande de petróleo en las aguas cercanas a Cuba no podría dar frutos económicos al menos hasta 2015, una parte mayoritaria de la cúpula castrista comienza a mirar de reojo hacia China.