La vida me puso en el camino esa tremenda frase y de inmediato empezaron a desfilar por mi mente --como fragmentos de película--cantidad de testimonios de algunos conocidos y personas que me han compartido en pláticas y sesiones de coaching, gran frustración, angustia, decepción , tristeza y hasta depresión a consecuencia de una noche de placer.
Cuando practicamos yudo, que es un deporte defensivo, lo primero que nos enseñan es a caer, relajando el cuerpo y entregarnos con toda confianza a la fuerza de gravedad, y sentir la atracción terrestre como una tierna caricia, entonces el suelo se hará amable y nos recibirá con suavidad. La teoría es que cuando se aprende a caer, automáticamente se aprende a levantarse, dejarse caer significa tomar la fuerza necesaria para volver a la lucha.
¿Qué tal si nos dejamos de estar salvando al mundo y nos tomamos el tiempo para observarnos, vernos detenidamente, sentir quiénes somos, entender nuestras necesidades, saber de dónde nacen nuestros sentimientos, cuál es la raíz de nuestra existencia, comprender nuestras relaciones y, sobre todo, cómo podemos vivir en nuestro presente?
Esta mañana, estaba dando mis últimos retoques al que sería mi artículo de hoy día. El problema de la tenencia de armas en Estados Unidos y el implacable lobby que la omnipotente Asociación Nacional del Rifle cierne sobre Washington, ocupaban mi atención , convencida de que sería un buen tema de lectura, análisis, reflexión y debate. Sin embargo, algo tan simple como un mensaje de una amiga, me hizo cambiar el lenguaje de mi pluma y hasta reflexionar sobre algo tan banal pero a veces, tan necesario como aferrarnos al lado positivo de la vida. A los buenos deseos y sobre todo, a las mejores actitudes. A mirar desde la simplicidad para apreciar el verdadero regalo de nuestro presente.
Recuerdo que cuando estaba en la Universidad me tocó tomar varios cursos de inglés. Reconozco que aunque me encanta, no soy muy buena con él, sobre todo pronunciándolo. Dos de los cursos para poder graduarse requerían de tener que pararse al frente de toda la clase y hacer varias presentaciones sobre diversos temas sociales. Grande era mi preocupación y los nervios ni se digan. Había noche que tenía pesadillas con la clase.
Algunas personas no avanzan en muchos aspectos de sus vidas, porque están más que preocupadas en involucrarse, opinar, criticar y tratar de resolver vidas ajenas, en vez de enfocarse en la suya, solucionarla y salir adelante. La cosa es que además se frustran, enojan e inquietan porque la otra persona no hace lo que le dicen, no reacciona como ellos esperan o si lo hace, a los días o semanas regresa a las andadas, sea cual sea la situación que debe resolver. Todo, porque si una persona no está lista para recibir, simplemente no puede hacerlo. Pero pocos son los que realmente entienden eso.
Diariamente cada vez mas nos topamos con personas que su alegría absoluta depende del poder falso de tener el control de sus vidas, de lo que les sucede, o de por lo menos tener la ilusión que eso es así. Todos de alguna forma u otra experimentamos estas interrupciones en nuestra vida las cuales tienden a hacer repentinas, simples y en algunos casos dramáticas.
¿Con qué ánimo amaneciste hoy? ¿Has notado que tu estado emocional influye de manera importante en la forma en que respondes a los estímulos que recibes del entorno en que te mueves y del medio en que interactúas? Si al despertar te sientes molesto o algún evento altera tu estado emocional de manera negativa, es posible que tu actitud sea inapropiada durante el desarrollo del día, lo que en ocasiones puede ser comprensible según las circunstancias. Sin embargo, existen gran cantidad de personas que por costumbre o por tratarse de un rasgo propio de su personalidad, se manifiestan "normalmente" con actitudes hoscas, amenazantes, indiferentes o altivas.