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Monica Trasandes

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¿Eres qué?

Publicado: 10/05/2012 07:20

Era la una de la madrugada en una mañana del mes octubre, y venía llegando a mi casa después de un largo fin de semana cuando encontré varios mensajes colocados por mi compañera de cuarto sobre la puerta de mi habitación (esto fue antes de que todo mundo anduviera con teléfonos celulares), cada uno más aterrador que el anterior:

Viernes, 8 de la noche: Llama a tu hermana Mercedes. Es urgente

Viernes 10 de la noche: Tu mamá llamó, sonaba rara.

Sábado por la mañana. Tu madre volvió a llamar. Estuvo mal.

Sábado por la tarde: Tu hermana volvió a llamar, dijo que la llamaras lo antes posible.

Domingo: Te llamó tu mamá de nuevo. Le dije que no sabía cuando regresabas a casa.

Domingo por la noche: Llama a tu hermana antes de llamar a tu mamá. Tu mamá sabe que eres gay. Mercedes dijo "¡lo siento!".

Me quedé tan aturdida que de repente empecé a ver rótulos viales señalando que mi vida efectivamente había terminado, pues, mi mamá ahora sabía mi secreto, ¡ay dios mío!

Cuando eres gay o transgénero, es bastante común pensar que el amor de tus padres tiene condiciones o hasta fecha de vencimiento, incluso si ellos te aman a morir. Te dices a ti mismo, "ahora me quieren, pero eso es sólo porque no lo saben todavía. Y en cuanto se enteren, van a dejar de tenerme cariño."

Y sí, para mí no había nada más importante que el amor de mis padres, no solo por las mismas razones de siempre, sino también por el vínculo que habíamos forjado como un pequeño grupo de 4 inmigrantes uruguayos solitarios.

A este país llegamos por el aeropuerto internacional de Nueva York en 1972 no solo con nuestros corazones destrozados por dejar atrás a nuestra familia, sino también sintiéndonos bastante perdidos. Pero juntos nos pusimos a explorar los Estados Unidos mi mamá, papá, hermana, y yo, descubriendo cosas nuevas cada día, como por ejemplo la tarta de queso y el chocolate caliente (¡que bien!); que puede nevar en Buffalo el mes de abril (no tan impresionante); los 31 sabores de helado de Baskin Robbins (lo que me dejó sin palabras, salvo la pregunta "¿Dónde será que tienen guardados todos los sabores?"); e incluso el hecho de que la sílaba "GH" en palabras como "eight" no se pronuncia, y que las palabras para "ratón" y "boca" en inglés--"mouse" y "mouth"--son dos distintas (Pensándolo bien, no es muy impresionante, puesto que mi mamá todavía insiste que son iguales y, de hecho, te reta a comprobar que son diferentes).

También nos hemos apoyado los unos a los otros en formas que son únicas para los inmigrantes: ¿Quién fue la que creó la hoja de instrucciones que mi mamá usaba para llenar cheques? Fui yo. ¿Quién fue la que estuvo en el banco para explicar por qué mi papá necesitaba un préstamo para la compra de un carro? Fui yo (y en ese entonces, con mis nueve años, mis pies ni siquiera tocaban el suelo).

En realidad, yo a ellos los necesitaba más que ellos a mí porque yo pasé los primeros dos años en este país sintiéndome sola. En esa época, como todavía no hablaba el inglés, no conocía a nadie, y por eso en la escuela me quedaba sentada apartada de los demás en las aulas y en los patios; me sentía tan sola como una nube, como va el dicho. Lo único que hacía soportable la vida fueron los momentos que pasé con mis padres y mi hermana, como por ejemplo, recogiendo rábanos en el jardín con mi mamá al terminar el día, o también, yéndonos de paseo, pasando el rato viendo televisión o jugando a la pelota con mi papa durante los fines de semana, esta era mi única vida social.

Yo no quería perder esa preciosa familia. Por eso cuando llegué a la adolescencia traté de no ser gay. El vivir en negación de tu sexualidad siempre resulta ser muy sencillo y fácil de hacer, ¿verdad que sí?

En realidad, no es ni sencillo ni fácil, sino más bien es algo que no es saludable. Fingiendo tener una orientación diferente a la verdadera fue una experiencia horrible para mí, al igual que lo fue para los chicos lindos y dulces con los que yo no lograba enamorarme, por más que lo intentara. Así que cuando finalmente me admití mi verdad a mí misma y me dejé enamorarme de una chica, tuve la sensación más increíble que había tenido en mi vida.

A veces a la gente que no es gay le cuesta entender qué es lo que realmente celebramos en el Orgullo Gay, y yo les digo que en gran parte es por expresar nuestra verdad libremente. Y también porque después de pasar tantos años tratando de ser algo que no eres, decir la verdad se siente increíble.

Bueno, excepto cuando son las 9 de la mañana el día lunes y te toca llamarle a tu mamá.

Afortunadamente, en mi caso no hubo condiciones ni fecha de caducidad para el amor que me tuvo mi familia. En poco tiempo tanto mis padres como mi abuela llegaron a aceptarme por quien yo era. Fundamentalmente lo que me dijeron fue que, 'Esto es lo que has sido toda tu vida. Lo sabemos porque te hemos conocido toda tu vida. Y toda tu vida te hemos querido."

De hecho, la mayoría de los latinos comparten ese mismo sentimiento. Una encuesta realizada por Bendixen & Amandi Internacional de 2010 encontró que el 74 por ciento de latinos apoyan la igualdad matrimonial u otras formas de reconocimiento legal para parejas gays y lesbianas. Una encuesta de campo realizada a votantes de California que salió en febrero de 2012 encontró que el 53 por ciento de los latinos aprobó permitir que las parejas del mismo sexo contraigan matrimonio. Evidentemente, el amor y el apoyo a todos los miembros de nuestras familias y nuestras comunidades, incluidas las personas LGBT, es un fuerte valor latino.

Que este Día de la Madre y Día del Padre sea un momento en que las familias compartan historias su amor y apoyo. Entonces visita a: glaad.org para contarnos la historia del amor que te dio tu mamá o papá o cualquier otra persona en tu familia por quien sientas aprecio.

Yo me encargaré personalmente de llamar a mis padres y decir: "Gracias, mamá! Gracias, papá por su amor, lo cual me acompaña e inspira cada día de mi vida."

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Monica Trasandes es Directora de Medios en Español para La Alianza Gay y Lésbica Contra la Difamación (GLAAD).

 
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