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Monica Trasandes

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El béisbol y palabras que duelen

Publicado: 24/09/2012 10:40

gayvoces

Estábamos en México para la fiesta de quince años de mi sobrina. Nos montamos a un taxi blanco y pequeño Volkswagen para llegar a la iglesia. Todos--mi pareja, mi mamá y papa, y yo--estábamos vestidos de punta en blanco. Yo andaba con mi vestido rojo y mi pareja con un precioso vestido de amarillo brillante. Mi mamá recién se había hecho peinar y se veía preciosa de verde. Mi papá andaba super elegante en su traje color carbón y corbata azul. Y el coche era una mezcla embriagadora de Chanel, Tom Ford y perfume de Cartier de papá. Era un pavoneo y alegría que llevábamos como familia, felices de celebrar el cumpleaños de nuestra hermosa Camila.

En el camino hacia la iglesia me puse a platicar con el taxista, un hombre muy amable en sus 60 años, que se ofreció a recogernos después de la fiesta que seguiría la misa.

"¡Perfecto!" dijimos, pues el salón donde se celebraría la fiesta era camino arriba en una colina donde pasaban pocos taxis. Entonces, quedamos con que lo llamáramos a la 1 de la mañana para que nos recogiera. Y luego llegó el momento desagradable e inesperado: contó un chiste anti-gay que incluyó la palabra "maricón".

De pronto calló el silencio en el taxi. Y por varias razones. En primer lugar, nadie lo encontró chistoso (desde hace muchos años mis padres han sabido que soy gay, y me apoyan tanto a mí como a los muchos amigos gays que les aman como su propia mamá y papá). Y en segundo lugar, creo que mis padres quedaron con el aliento sostenido, preocupados porque que temían que me pondría a discutir con este hombre. Me sentía tan herida y enojada que quería hacerlo. Pero como íbamos en camino a una fiesta y estábamos tan contentos, no le dije nada más que "no fue gracioso".

Cuando el taxista dijo: "Nos vemos a la 1," yo le respondí que "No. No será necesario. Tendremos un paseo con alguien más." Creo que sí acabó por percatarse de cuán mal su broma había sido para su negocio, pero desafortunadamente yo no sé si llegó a entender el dolor que le había causado a todos en la cabina.

La realidad es que mucha gente no lo consigue comprender. Tristemente, es porque todavía no vivimos en un mundo donde hay aceptación y respeto o incluso un entendimiento de quienes somos las personas gays, lesbianas, bisexuales o transgénero.

Me han preguntado antes qué es la difamación, o por qué son ofensivas ciertas palabras, cómo es que pueden ser hirientes. A ellos les planteo lo siguiente: Imagínate que sales con cuatro amigos muy queridos, personas con los que siempre te la pasas muy bien comiendo, hablando, escuchando música, compartiendo risas. En fin, son tu gente. Y luego imagínate que, de pronto, uno de ellos se voltea y te dice que "eres fea, ¿sabes?", y que los demás expresen su acuerdo.

En esa situación, ¿cómo te sentirías? ¿Herido, no? Pues hace un minuto formabas parte del grupo--es decir, todos para uno, uno para todos--y de momento, pasas a ser el "bicho raro" que merece el desprecio abierto. Te ven la mirada en la cara y te dice el amigo: "Bueno, no lo quise decir de esa manera. Tú sabes que te quiero, ¿verdad? Pero sí, eres fea".

Para mí y para mucha otra gente gay, ese es dolor que vivimos cuando escuchamos las palabras "fa ** ot," "maricón" o "joto", "pato" o sus muchas encarnaciones dependiendo del país donde uno vive. Sí duelen.

Surge esta conversación debido a dos recientes incidentes.

El primero, se trata del beisbolista Yunel Escobar de los Azulejos de Toronto, quien durante un partido reciente escribió bajo sus ojos la palabra "maricón". Él ha sido suspendido por tres partidos sin sueldo. GLAAD ha hablado con la liga de béisbol y la organización de los Azulejos de Toronto con respecto al lenguaje antigay utilizado por Escobar.

El otro incidente involucra una estación de radio en Colombia, Los 40 Principales, que pidió a sus oyentes a llamar para compartir el comportamiento "mariquita" de sus amigos o familiares. Gracias a la acción y protestas por Colombia Diversa y varias organizaciones colombianas, se ha multado al gerente de la estación.

Asimismo, en otro caso lamentable, un sheriff de Carolina del Norte, Terry Johnson, fue recientemente acusado de llamar a los latinos "come tacos", afirmando también que somos más propensos a ser alcohólicos y vender drogas, lo que suena, tristemente, mucho como los estereotipos ligados a personas gays.

Precisamente, en el caso de cualquier epíteto, ya sea "come tacos" o "maricón", el mensaje viene siendo el mismo: tú vales menos que yo.

Pero lamentablemente, queda claro que Yunel Escobar realmente no entiende que sus palabras son hirientes. En una conferencia de prensa, dijo que él no pretendía ofender. Luego añadió:

"Tengo amigos que son gays. La persona que decora mi casa es gay. La persona que corta mi cabello es gay. Tengo varios amigos que son gays. Honestamente no se sentían como ofendido ante esto. Hay sólo una comprensión diferente en la comunidad latina de esta palabra".

Dos personas que él emplea supuestamente dijeron que no les importa el uso de la palabra. Bárbaro, pero para los demás de nosotros que no cortamos su cabello ni decoramos su casa, sí estamos ofendidos y lastimados. Para mí, Escobar quiere salir diciendo, 'Dejen de ser tan sensibles. Los latinos usan esta palabra todo el tiempo. Los que no son latinos no entienden.'

Lo siento, Yunel, pero no vale ese argumento. Nosotros los latinos sabemos muy bien lo que significa la palabra y lo tan ofensivo que es. Puede que algunas personas no entiendan todavía cómo es que se siente al escuchar esa palabra, pero eso sí, saben perfectamente el poder que tiene. Por supuesto, esto no es sólo una cuestión que afecta a los latinos, pues están de ejemplo Kobe Bryant, Cam Janssen, Joakim Noah, y Colin Clark. Todos ellos son atletas profesionales que recientemente terminaron disciplinados y/o reprendidos por utilizar lenguaje anti-gay.

Sería muy lamentable que de esto se le sacara el mensaje de que "Los latinos o gays (o latinos gays) son demasiados sensibles. Cuidado con lo que dices que cuando alrededor de ellos."

En realidad, no solo se trata de que tengas cuidado con lo que dices cuando estamos en tu alrededor. Más bien, se trata de que entiendas el poder de tus palabras, y de que les causa dolor a todos, incluso a personas que ni son ni gay ni Latinos. Al final de cuentas, duele cuando le quitas la humanidad a un grupo de seres humanos como si valieran menos.

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