Miguel Silva

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Carta a un ciudadano americano

Publicado: 05/07/2012 19:09

Primera parte. Por qué nos parecen unos llorones.

Si alguien te pregunta cuándo fue el fin del mundo dirás que ocurrió en 2008. Estás vivo de milagro.
Es cierto de alguna manera. Lo que sucedió en el segundo semestre de 2008 fue un cataclismo económico que no se veía desde los años 30. Muchos de tus amigos, tú incluido, perdieron una parte importante de los ahorros que tenían en el 401K, el fondo de pensiones. Es más, hubo quienes lo re bautizaron como el 201K.

Aumentó dramáticamente el desempleo. Tus hijos, rondando los 22 años, como la mayor de mis hijas, se encontraron ante una situación desconsoladora. ¿Quién iba a contratarlos?

Los íconos del capitalismo te defraudaron. Allí estaban los CEO´s de Enron, Lehman Brothers, Goldman Sachs, JP Morgan, hablando de ti como si fueras analfabeta, uno de esos salvadoreños que ves en sus camionetas cargando máquinas para cortar el pasto y que aunque son tan importantes miras con desprecio. A ti, un elaborado ciudadano estadounidense. Un buen WASP que nunca dejó de ir a misa. Te vendieron basura sabiéndolo.

Hoy gran parte de las razones de la angustia han cesado pero tú sigues llorando. El 201K ya ha regresado a niveles normales, ya tiene cara de 401K, aunque la bolsa te llena todos los días de sobresaltos y ya sabes por qué fue tan mala idea exportar todos tus empleos hacia la China, siguiendo tu verdadera religión, el capitalismo puro.

¿Sabes cómo te vemos los demás ciudadanos del mundo?

Como un niño malcriado.

Mira a tus amigos europeos y lo verás. ¿Malcriados, cierto? Vaya, esos griegos, esos italianos, esos españoles, con 4, 5, 6 semanas de vacaciones, esos franceses con 35 horas semanales de trabajo, vaya si se merecen su suerte. No como los alemanes, tan disciplinados. Así piensas.

Pero es que así pensamos de ti y de ellos los otros 4,000 millones de ciudadanos del mundo.

Yo soy colombiano, pero cuando hablo con un pakistaní, vemos tu sufrimiento (y el de los españoles y los italianos) con los mismos anteojos. Digo pakistaní, pero como leerás Osama Bin Laden, puedo decir vietnamita, indonesio, uruguayo, chileno, serbo croata.

El resto del mundo no ve tus tribulaciones como tú las sientes.

Te ve como un niño malcriado.

Uno que no ha tenido una casa sino dos, y que ha perdido una. Uno que ha castigado en los abismos del capitalismo a sus pobres, a los salvadoreños, a los colombianos, a los mexicanos, a todos lo que limpian baños, sirven mesas, arreglan sucias habitaciones de hotel, construyen las casas que luego financian unos bancos y que las empacan como activos tóxicos sin contarle a los compradores de los títulos.

Amigo americano, coterráneo americano, lo digo así porque has intentado robarte el término sólo para ti, sin reconocer que cuando dices América dices también Chuquisaca, Cali, San Miguel de Allende, Chiriquí, Antofagasta:

Te miramos con admiración porque has construido un país grande, uno en el cual el conocimiento es riqueza, una nación en donde el esfuerzo es más premiado que el origen social o las relaciones de sangre, un lugar en el que la tecnología genera crecimiento y ofrece oportunidades verdaderas.

Despiértate. Deja de lamentarte. Levanta la cabeza.

En mi país, por ejemplo, crecemos al 5% y ya no nos matamos tanto, pero somos 45 millones de personas y 20 millones están por debajo de la línea de pobreza. De esos 20, 12 millones viven con menos de un dólar diario. Tu 201 K sería para ellos el paraíso.

Basta de lágrimas.


Espere la segunda parte. Por qué los latinoamericanos preferimos a Obama.

 
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