Miguel Silva

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Carta a un ciudadano americano. Quinta parte. Desde Madrid

Publicado: 08/08/2012 07:45

crisis españa

La fuente de La Cibeles es un punto de encuentro turístico en Madrid rodeada por el Prado, las vías que llevan al Madrid de los Austrias, El Museo Thyssen-Bornemisza y el bello Paseo de la Castellana que, en verano, se llena de terrazas donde madrileños y turistas comen tapas y toman vino y "cañas" hasta el amanecer.

A su costado este, separando el Thyssen del Hotel Palace, está la calle de Cedaceros. Esa calle amplia y empinada, lleva al Congreso de los Diputados, conocido por los madrileños como el Palacio de las Cortes. Por estos días hay, a lado y lado de la vía, furgonetas de la policía y vallas metálicas con las que se puede cerrar la calle en cualquier momento.

Esas vallas son la frontera entre los indignados y las instituciones. Los que protestan, indignados jóvenes, funcionarios públicos (cada vez más) o desempleados (ya un cuarto de la población trabajadora), o bien sea una mezcla de los anteriores, pueden congregarse, y pueden protestar. Pero esa protesta está siempre acompañada por la sombra de los carros de policía, azules y luminosos, y limitada por los cercos metálicos.

España va hacia un rescate. Es lo que se anuncia en los diarios al inicio de las vacaciones de Rajoy. Será a su regreso, dicen. Cuando el Banco Europeo tenga claros los términos, lo pensaremos, dice Rajoy. Pero todo parece decidido.

La lección brutal de cómo salir pronto de una crisis se aprende mejor de ustedes, los estadounidenses, que de los europeos. En Estados Unidos las crisis llevan a los irresponsables a la quiebra, y aunque es posible que el Estado salve a las compañías, los accionistas pierden, salvo algunas innombrables excepciones, su propiedad e incluso algunos terminan en la cárcel. El gobierno toma medidas draconianas y a la vuelta de tres años se están reinventando. El último mes ya muestra generación de empleo apreciable con lo cual la llamada "jobless recovery", empieza a ser una recuperación real, si bien lenta.

En Europa, donde las playas están repletas, los cafés a reventar, los aeropuertos no pueden recibir a un viajero más, los restaurantes no sientan a quien no tenga reserva desde hace días, y los hoteles se encuentran a reventar, la situación es otra. Los griegos arrastran los pies y le echan a los alemanes la culpa de sus males. Los españoles se toman su tiempo y aunque las dolorosas medidas tomadas por Rajoy podrían detener el desangre y abrirle el paso a la recuperación, están enfurecidos: su estado benefactor se cae a pedazos, quizá no eran tan ricos como creían. Los italianos esperan que los españoles aguanten. Unos y otros se miran con recelo.

Pero en todo esto, a la recuperación le faltan dos cosas. La primera es decisión.

No existirá Europa si los países que la conforman no logran pasar por esta crisis poniendo todos a la vez, unos más que otros, para salvar a la Unión. Porque es la Unión la que salvará luego a sus miembros. Pero sobre esto no hay consenso. Si se hiciera una encuesta hoy en los países de la UE, notables mayorías dirían que preferirían volver al marco alemán, el dracma griego, la lira italiana, la peseta española, el franco francés.

La segunda que falta es una visión de futuro. Es clarísimo que hay que recortar y que muchos de estos países han vivido por encima de sus verdaderas posibilidades, pero también es cierto que sólo los recortes no reanimarán a las economías europeas. Krugman tiene razón, creo yo. Sin planes expansionistas, las medidas de recorte sólo crearán más recesión.

Mientras tanto La Cibeles gobierna sobre el Paseo del Prado, su carro arrastrado por los leones en que la diosa convirtió a Hipómenes y a Atalanta por tener relaciones en un santuario dedicado a su culto. Cibeles representa a la Tierra, en cierta medida a la antigua diosa Gea, y la Tierra es siempre generosa con sus hijos. Quizá, y eso sólo lo sabremos cuando los europeos regresen de sus seis semanas de veraneo, aún con aquellos que dilapidan lo que reciben.

*Miguel Silva, colombiano, fue Secretario General de la Presidencia de Colombia y fundó la revista Gatopardo. Es periodista y consultor en comunicaciones estratégicas.

 
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