Miguel Silva

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Carta a un ciudadano americano: Contra los totalitarios

Publicado: 04/12/2012 15:30

barack obama

En la pasada campaña de los Estados Unidos el presidente Obama recibió múltiples ataques por marxista. Los billonarios apoyaron a Romney, quien defendía la plataforma conservadora de reducir los impuestos para los ricos para promover la generación de empresa, la mano invisible, el "trickle down economy". Obama era percibido (y aún lo es, por supuesto), por estos sectores radicales como un presidente de ultra izquierda, un presidente totalitario.

Los invito a que hagan el ejercicio. Abran Google y escriban "Obama totalitario". En 0.33 segundos aparecerán 5 millones 160 mil entradas sobre el asunto.

Pero nada más lejos de la realidad. Los Estados Unidos abandonaron toda posibilidad de elegir gobiernos totalitarios no sólo por una acertada ingeniería constitucional de "pesos y contrapesos", sino por una mezcla de pragmatismo e individualismo que define la esencia del sueño americano de tal manera que sería una locura iniciar una propuesta totalitaria. Súmese a ello una prensa libre y un debate bastante culto sobre ideas políticas por lo menos entre la élite intelectual norteamericana.

No sucede lo mismo en América Latina. Por estos días en que el presidente venezolano Hugo Chávez visita a Raúl Castro para compartir cámara hiperbárica, sin delegar el poder presidencial como lo ordena la Constitución, sin pedirle permiso al Senado, pensaba que en la región es fácil triunfar electoralmente (y luego gracias a amenazas, herramientas tributarias, grabaciones clandestinas y extorsión estatal contra los medios, perpetuarse en el poder) con una plataforma totalizante.

Lo cual contrastaba con lo que leía en ese momento. Se trata de unas conferencias dictadas en Washington en 1965, grabadas por la BBC y luego editadas por Henry Hardy (The Roots of Romanticism, Princeton University Press), del gran pensador liberal Isaiah Berlin.

Sus charlas sobre el romanticismo concluyen con unas líneas sobre lo que él consideraba fue el principal -si bien no buscado- aporte de ese movimiento:

"Le debemos (...) la noción de que una respuesta unificada en los asuntos humanos corre el riesgo de resultar ruinosa, que si usted realmente cree que existe una única solución para todos los males humanos, y que se debe imponer esta solución a cualquier costo, muy probablemente usted se convertirá en un déspota o un tirano en nombre de su solución, porque su deseo de remover cualquier obstáculo terminará por destruir aquellas criaturas que supuestamente deberían beneficiarse de la solución."

Y más adelante agrega:

"(...) los seres humanos pronto entienden que tienen que llegar a acuerdos, que deben hacer compromisos, porque si buscan destruir a otros éstos otros buscarán destruirlos a ellos; y así, como resultado de esta doctrina (romántica) apasionada, medio demente, fanática, llegamos a la apreciación de la necesidad de tolerar a los demás, a la necesidad de conservar un equilibrio imperfecto en los asuntos de los hombres, de la imposibilidad de empujar a los seres humanos tan adentro del corral que hemos creado para ellos, o hacia la única solución que nos atrapa, que en últimas se levantarán contra nosotros o en últimas serán destruidos por ella".

El resultado del romanticismo es, entonces, el liberalismo, la tolerancia, la decencia y la aceptación de las imperfecciones de la vida, concluye Berlin.

Miren ustedes hacia el sur del Río Grande y verán un panorama desalentador: Castro, Chávez, Ortega, Correa, Morales, Cristina K. Líderes que empujan a sus pueblos hacia el fondo del corral, con impunidad; pequeños dictadores que se perpetúan en el poder mediante dudosas credenciales democráticas y una mezcla de teorías trasnochadas, dinero mal habido, chantaje estatal y relección indefinida.

*Miguel Silva, colombiano, fue Secretario General de la Presidencia de Colombia y fundó la revista Gatopardo. Es periodista y consultor en comunicaciones estratégicas.

 
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