Mariana Rodriguez Pareja

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De Asunción a Buenos Aires, en seguidilla de engaños

Publicado: 01/11/2012 11:20

policia buenos aires

Hace años que conozco a Betty, aunque la primera vez que le pregunté por su caso fue hace pocas semanas. Ella vino por primera vez del Paraguay hace diez años, con la promesa de un trabajo en una casa de familia en Buenos Aires, que le pagaría lo suficiente para que pueda enviar dinero a sus papás, que vivían en un pueblito cercano a Asunción.

Pero nada salió como ella esperaba.

"Vení a Buenos Aires, yo te consigo trabajo porque conozco una agencia que paga en dólares y limpiás casas.... te llevo en el camión"- le dijo un 'amigo' argentino y Betty, aceptó gustosa. La situación en su país era muy difícil, y ¿por qué no intentarlo?

Con- en ese momento- 25 años y un bolso, se subió al camión sin sospechar lo que vendría. Al llegar a Buenos Aires, el 'amigo' la llevó a la 'agencia' y la dejó ahí sin decir palabra alguna. Ella cree que la agencia quedaba por Avellaneda- al sur de la ciudad - pero no sabe con exactitud. "Cuando llegás y no sabés donde estás, todo te da miedo"-, me dijo.

Al rato de estar ahí, sentada en la 'agencia' - que era una oficina sin más que un par de sillas y nada- absolutamente nada- en las paredes- llegó un hombre y le dijo que sería su patrón. La tomó del brazo y la subió a su auto, "no te vas a escapar vos, paraguayita, ¿no? "- le dijo y la llevó a lo que era su casa. O mejor dicho: lo que sería su prisión por algo así como tres meses.

Betty debía hacer las tareas domésticas, no podía salir de la casa, ni hablar por teléfono... y no tenía idea en donde estaba. Por las tardes, cuando el 'patrón' no estaba, lloraba a gritos y trataba de pensar en cómo escapar, pero no sabía ni dónde, ni cómo, ni cuando. Lo peor no tardó en llegar: a los días de estar allí, el hombre intentó violarla y ella se resistió, mientras pudo. Un día, para poder evitarlo, se cortó las encías con una aguja. Otro día, se cortó justo arriba de las rodillas "para sangrar mucho y que no me toque". Igualmente, la tocaba y la golpeaba.

Pero los gritos de Betty- porque ella gritaba y mucho- fueron a parar a los oídos de una vecina, quien una tarde de viernes, le pasó por debajo de la puerta una nota: "No tengas miedo. Andá al patio de atrás y trepá el árbol hasta arriba de la pared. Te espero del otro lado". Betty salió corriendo al patio, vio la pared y pensó que sería imposible, pero "era tal la desesperación que pensé que si me caía y me moría era lo mismo que seguir estando ahí encerrada". Trepó el árbol y logró llegar hasta arriba de la medianera. Ahí estaba una señora esperándola, con una escalera.

Olga la rescató, pero le dijo que no debían perder tiempo y que debía irse. Le dio una chaqueta, dinero y llamó a un taxi para que la lleve a la terminal de ómnibus de Buenos Aires. Le dijo que ese dinero le alcanzaría para comprarse un pasaje de vuelta a casa y le pidió que nunca más vuelva por ahí.

Efectivamente: Betty nunca más volvió a ver a Olga, ni por Avellaneda. Pero volvió a Buenos Aires, pero por distintas razones. En el camino conoció a varias chicas que pasaron por experiencias similares y ella, desde su lugar, trata de ayudar a mujeres "pero es difícil porque las engañan y a veces se las llevan a la Patagonia y no las vemos más"- me dice con voz cortante. "Nos tenemos que cuidar entre nosotras y con el cuento de las agencias, las agarran en el tren y en el colectivo (bus) tanto en Buenos Aires como en Asunción y les dicen que les pagarán mucho. El problema es que muchas lo creen, porque dicen que en Paraguay no tienen futuro porque son pobres".

Cuando consulté con el experto en derechos humanos Andrés Vázquez me comentó que en el Paraguay se mantienen los índices de pobreza a pesar de la estampida migratoria. "De acuerdo al informe 2012 de la Dirección General de Encuestas, Estadísticas y Censos, de cada tres habitantes en Paraguay, uno es pobre", dijo Vázquez. La pobreza crea una condición de vulnerabilidad hace que las mujeres sean blanco fácil de los traficantes y las pone en riesgo de explotación, que va desde fines de tráfico de droga hasta trabajo esclavo.

Betty pudo escapar y jamás recibió ningún tipo de apoyo tras su experiencia. Según ella, su forma de librarse es "previniendo a otras" y rezándole, todas las noches antes de dormir a la virgencita, pidiendo por la salud y el bienestar de Olga.

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