María José Musi

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Día de Muertos en Tzintzuntzan

Publicado: 03/11/2012 13:49

Diamuertosmichoacan

El 2 de noviembre es un día especial, pues es la fecha en la que los mexicanos podemos sentir que la gente que ya no está con nosotros regresa aunque sea unas cuantas horas para volver a comer los platillos que en vida disfrutaron, fumarse una cajetilla de cigarros, tomar tequila o simplemente, acompañar a los que aún estamos aquí.

En muchas ocasiones he escuchado una frase que dice que los mexicanos sabemos burlarnos de la muerte, no creo que esto sea así, más bien hemos ideado a través de las tradiciones, la manera de encontrar consuelo ante las inevitables despedidas y pérdidas de familiares y amigos.

Durante ese día, los panteones del país se llenan de ofrendas, la famosa flor de Cempazúchitl llena de amarillo las tumbas y estos lugares que la mayoría de los días están vacíos y desolados, se convierten en la sede de una fiesta en la que participan vivos y muertos.

Este año, tuve la fortuna de poder vivir (y nunca mejor dicho) este día en Tzintzuntzan, un pueblo de Michoacán ubicado a las orillas del Lago de Pátzcuaro para conocer este sitio en el que, sus habitantes se dan a la tarea de ir al panteón para preparar las tumbas, limpiarlas, llenarlas de flores y objetos personales de aquellos que ya no están para finalmente pasar todo el día al lado de ellos velándolos y recordándolos.

Aquí es donde surge la magia pues los visitantes tienen la capacidad de convertir un lugar en el que la constante son las lágrimas y el dolor en prácticamente una verbena, pero una muy peculiar, pues a pesar del olor de la comida, el colorido de las flores y de ver cómo se encuentran familias y amigos que se saludan con gusto como si se tratara de una fiesta, el sentimiento que impera es el de la nostalgia por aquellos que, sin duda también están ahí pero no de una forma física.

En esta visita hubo un momento sobrecogedor, llegó un cortejo de familiares que justo ese día despedía a alguien, esto, entre flores, música, comida, turistas y flashes de cámaras, así que, ahí tuvimos ante nuestros ojos la comparación inmediata entre el dolor de la pérdida reciente y la resignación que el tiempo da y que al final forja una relación distinta basada en la esperanza del reencuentro durante ese día.

Durante la noche se lleva a cabo una misa en la que los presentes oran para que el alma de sus difuntos pueda regresar y, finalmente al terminar, las ofrendas se recogen para ser compartidas con vecinos de tumbas, turistas y paseantes que están ahí para disfrutar de esta experiencia única.

Siempre escuché que la comida, cigarros y alcohol que se ofrecía durante este día, al ser recogido tenía un sabor distinto, puedo constatar que esto es verdad, pues al final, parece que la esencia de lo que estaba ahí ya fue consumida, esto puede atribuirse a muchas cosas que van desde el largo periodo de tiempo que tiene la comida a la intemperie o simplemente (y es la razón que creo que a todos nos gustaría creer), porque los destinatarios de estos platillos estuvieron ahí, los consumieron y se llevaron lo mejor de ellos, así como también se fueron con un pedazo de nuestra propia esencia.

Mis amigos de Sony fueron los responsables de que pudiera ser parte de esta experiencia y las fotografías que comparto con ustedes son el resultado de lo capturado con la NEX-5R, espero que les gusten.

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